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30/03/2012

Impresiones, camino a casa


Tripulación en maniobra J.Girardot/Tara Expeditions

Con diecisiete personas a bordo, Tara se dirige hacia Lorient. He aquí algunos de los pensamientos que cruzan la mente de quienes han sido actores de este proyecto.

Sarah Searson, ingeniera oceanógrafa, 19 meses a bordo:

"Antes de embarcar en Tara, yo había ya trabajado en unos cuarenta barcos, todos mucho más grandes. Ahora, Tara me gusta más que los demás, por esta misma razón. Vivimos más en comunidad, todo el mundo se ayuda en todo, no sólo cuando el quehacer se relaciona con tu especialidad.

En un principio, yo tenía mis dudas sobre nuestra capacidad de hacer ciencia de alto nivel a bordo del Tara, a causa del rodeo y de su tamaño, precisamente. Pero ahora me siento muy orgullosa de lo que hemos logrado junto a Marc Picheral. Hemos recolectado más de lo que se podía imaginar, estoy muy sorprendida y orgullosa al mismo tiempo, mirando hacia atrás en este éxito".

Extracto de entrevistas realizadas por Vincent Hilaire

29/03/2012

Impresiones, camino a casa


Tara en ruta hacia Lorient. J.Girardot/Tara Expeditions

Desde ayer, con diecisiete personas a bordo, Tara se dirige hacia Lorient. Hemos dejado la costa española a principios de la noche, y con velas establecidas la goleta ya ha recorrido un tercio de las 330 millas de esta etapa final. He aquí algunos de los pensamientos que pasan por la mente de quienes idearon este proyecto.

Sabrina Speich, físico, coordinadora de Tara Oceans:

"La mayoría de las 153 estaciones que hemos hecho ha funcionado muy bien. Al principio, teníamos datos de los satélites que nos permitieron seleccionar los sitios de muestreo en diferentes masas de agua, y por lo tanto el desarrollo de una verdadera estrategia científica. Hemos combinado los datos de altimetría, de temperatura de la superficie del mar y de clorofila. Nunca expedición alguna o barco oceanográfico alguno había emprendido semejante investigación en tiempo real, a lo largo de dos años y medio seguidos. Ahora empieza un enorme trabajo de explotación.

La fuerza de este proyecto es de haber reunido a físicos oceanógrafos y biólogos. Merced a ello hemos sido capaces de llevar a cabo una detección variada en el océano global, desde la biodiversidad a la genética. Ahora que la primera parte del trabajo está hecha, debemos mantener vivo este espíritu de equipo".

Extracto de entrevistas realizadas por Vincent Hilaire.

09/03/2012

Camino a Lorient


Alain Giese. V.Hilaire/Tara Expéditions

Podría ser el título de una canción de marinero, de las que se cantan en los bares, de Ámsterdam a Valparaíso. Pero no. Es simplemente el anuncio del regreso este 31 de marzo del año de gracia 2012. Tara entrará en el puerto de Lorient después de dos años y medio de expedición científica alrededor del mundo.

Yibuti, 13 de febrero 2010. El muelle está completamente en ruinas, huele a orina de camello. La "ballena" está ahí. Junto a un gran 4x4, con un tipo hablando alemán que intenta cargar cajas sacadas del barco. Tiro la mochila y le doy una mano. No entiendo nada de lo que dice, pero su apretón de mano una vez las cajas cargadas me dice que él ha apreciado la ayuda. Sudado, subo la pasarela. Un tipo alto me cae encima: "¡Vaya! eres Alain! ¡Acomódate rápido que tengo trabajo para ti! Soy Hervé, el capitán. De hecho, zarpamos mañana por la mañana temprano”. El escenario está listo. Desde entonces, he aprendido lo que significa trabajar con el viking.

Los 45 nudos en contra nada más al salir de Yibuti me ayudan a entender que la ballena no es un animal fácil. Sin embargo, mi estómago resiste. El de los demás, no tanto. Los años pasados en remolcadores sirven de algo. Eso me gana unas marcas de aprecio. Luego, el océano Índico, el sol que pega sin piedad, el calor sofocante. Este barco aparentemente esta previsto para latitudes más septentrionales. Veremos pues. Cada día su cruz.

Las noches estrelladas, el temor a los piratas, Omán, Abu Dhabi, las puertas de la India. Bombay será el fin del viaje. Dos meses a bordo. Sólo un aperitivo de la aventura. Sólo el tiempo suficiente para conocer unas cuantas caras, para empaparse de este fantástico proyecto.

Luego viene la Antártida, una historia de otro calado. Me las arreglo para animar mi antiguo mecánico en los remolcadores a que se junte el también a la aventura. François es un tipo en oro. 22 años de sudor frío en las tormentas de la Mancha. Un tipo que te sigue al fin del mundo sin fallar.

Enero en Ushuaia, Puerto Williams, la bajada a la base del mundo, un universo de hielo donde, en esta temporada, no hay noche. Los icebergs tabulares, las tormentas, el mar de Weddell, unos lugares donde nadie va. El viento que se levanta, el tempano de hielo que se rompe a la derecha, o tal vez a la izquierda. Debemos encontrar la salida. De repente, el mar se abre. Este mar peligroso y cruel nos echa como trapos sucios. En Deception Island levantamos el ancla pero se atorra el cabestrante. El viento sopla, el ancla se desliza, el barco deriva, hay que desarmar la rueda dentada. Hervé se luce para que no encallemos en la playa. Peleamos 3 horas, los dientes apretados, los dos callados en el esfuerzo, como en los viejos buenos tiempos de las tormentas del Mar del Norte. El ancla finalmente regresa a bordo y abandonamos este lugar extraño.

Pasado el Drake, es el regreso a la civilización. Doblar el Cabo de Hornos con una copa de champaña en mano. Neptuno es misericordioso aquel día. Luego vienen los canales de la Patagonia y el zigzagueo en las zanjas estrechas de estos laberintos. Paisajes grandiosos al pie de los glaciares, la puerta de salida de Puerto Montt. Para Tara, empieza la aventura del Pacífico. Para mí, Valparaíso es el final del viaje, un puerto mítico donde los grandes veleros que pasaban el Hornos llegaban por decenas a cargar cobre y guano.

San Diego, el 26 de octubre de 2011. Repito la cosa y vuelvo con placer a convivir con una tripulación conocida. Cambiamos el motor. François sigue ahí y dirige esta tarea delicada. El tipo es hábil y el motor encaja al centímetro en su espacio.

Un mes de trabajo, un mes para volver a darle brillo a este largo fuselaje. Luego, rumbo a Panamá. El Pacífico queda atrás, con sus islas encantadas, la magia de las Marquesas, las Gambier, la laguna de Fakarava. A lo largo de las 3700 millas por delante nos esperan algunas islas salvajes. Clipperton, Isla del Coco, un antiguo escondite de piratas y hoy en día un fabuloso sitio de buceo.

El Canal de Panamá, el Blue Hole, la costa cubana, Fidel Castro y sus cigarros están a unas treinta millas. Tres pequeñas vueltas y estamos de regreso en el Atlántico. Nueva York, este recuerdo permanecerá. Pasar debajo del Verrazano, pleno sol.

Se perfila Manhattan, el puente de Brooklyn, aterrizamos no muy lejos de Ground Zero. Fluyen los días como agua entre dedos. El Secretario General de las Naciones Unidas, uno de los hombres más influyentes del mundo, embarca en Tara para una pequeña vuelta en el Hudson river. Noche de despedida en el gimnasio de Chelsea. Una noche para agnès b., algo ecléctica, justo al lado del barco. Vemos la gente bailar por nuestras ventanas. El zarpe, el frio que pica duro, y Nueva York ya es sólo un recuerdo.

De nuevo el mar, los turnos, la vida a bordo. La ballena sube aún más hacia el este. Los días pasan. Un pronóstico de ráfaga de viento acelera nuestra llegada a las Bermudas. Me quedan solo unos pocos días. Y luego dejaré la gente y seré parte de los que desembarcan, parte del eslabón débil. Un poco como el día en que dejé los remolcadores: "¿Ya?" Corre el reloj inexorablemente. Debo renunciar a los turnos pasados al cabestrante, izando redes o sumergiendo la roseta a mil metros.

Dejaré Baptiste, Loïc, François, Céline, Sarah, Vincent, Julien. Todas estas personas que amo, todo este calor humano, esta vida, estas amistades. ¡Nos vemos en Lorient!

¡Que les vaya bien!

Alain Giese, segundo oficial en Tara

22/08/2011

Fakarava, detrás el paraíso


Tara anclado frente al White Sand Resort, isla de Fakarava. N.Le Bescot/EPPO/SB Roscoff /Tara expeditions

Hay algo de arte en una llegada puntual. Alba del 12 de agosto: el sol inunda el horizonte de rojo y amarillo. Estamos divisando la isla de Fakarava, archipiélago de las Tuamotu. La línea de nuestro horizonte se puebla de pequeñas y delgadas figuras, despeinadas, alborotadas: una hilera de palos de cocos sembrada en una playa interminable.

Rectángulo casi perfecto de 60 km de largo y 25 de ancho, con una magra lengua de arena de apenas 200 metros de ancho, Fakarava es uno de los mayores atolones de las Tuamotu. Al igual que numerosas islas de Polinesia, Fakarava se ha llamado un tiempo "Havai'i": en polinesio, para todos los Maohis, es el nombre de la mítica isla de los orígenes.

Después de los picos volcánicos cortantes de las Islas Marquesas que imponen su poder telúrico, los cocoteros a ras del agua parecen a punto de ahogarse. Miramos con una pisca de superioridad esos pequeños árboles que los mástiles de Tara dominan.

Abordamos la isla por Garue, el paso más ancho ubicado en su Norte. Al acercarnos a la entrada de la laguna, la superficie del agua cambia de repente. Tara se tira en un extraño balanceo, empujado hacia dentro por olas rompiendo y repelado hacia fuera por una fiera corriente. Motores a pleno régimen, Tara lucha para apenas avanzar a 2 nudos. Unas corrientes contrarias se enfrentan en el paso: su fuerza puede alcanzar los 10 nudos hacia fuera cuando baja la marea.

Destino cada vez más popular entre las parejas jóvenes para su luna de miel y en medio de buzos en busca de un sitio poco frecuentado, Meca de los corredores de fondos, Fakarava sólo tiene un hotel, aunque pensiones cada vez más numerosas se estén esparciendo en la lengua de arena.

Galardonada "Reserva de la Biosfera" por la UNESCO en 2006, junto a 7 otros atolones que son parte de su circunscripción, Fakarava está cobrando fama y acoge más y más visitantes.

Después del archipiélago de las Gambier tan alejado de la actividad turística, después de las Marquesas también fuera de los circuitos tradicionales, nos sentimos aquí de vuelta en la caldera del mundo tecnificado. Una sensación muy extraña de reconexión con la “civilización”, mientras estamos de lleno en el corazón del cliché de "último rincón del mundo": laguna de aguas azul translúcido, cocal nutrido y ordenado, arena blanca gruesa, bloques de coral dispersas, nubes de peces coloridos.

Fred es el presidente de la Reserva de la Biosfera, Ato es un ex coordinador de la asociación, Tevero es un "anciano". Frente a la pensión de Ato y unas cuantas cervezas Hinano, conversamos sobre la reserva y la vida de los Paumotu.

"El atolón es nuestro hogar, nuestra despensa, la tierra de nuestros antepasados, la nuestra, y eso espero, la de nuestros hijos. Entonces por supuesto todo lo que se está haciendo para conservarla es importante". Fred se ha involucrado en la gestión de este estatus, muy complicado desde el punto de vista de un Paumotu.

"Al principio, la gente estaba más bien a favor de la reserva de la Biosfera, pero cuando se ha formulado el Plan de gestión del espacio marítimo la mayoría se ha rajado; Los textos administrativos, el vocabulario, la complejidad de los procedimientos, han ahuyentado a todo el mundo, todo era muy ajeno a nuestra cultura. Y también las reglas impuestas: se nos prohibía cazar tortugas y aves, algo como el oro para un Paumotu, algo muy importante espiritual y físicamente. Para comer, sólo tenemos pescado. La tortuga es nuestra carne. Sentimos que nuestro cuerpo la necesita, entonces es una larga tradición de siglos que viene de nuestros antepasados. Esta ruptura repentina choca a todos. ¿Es realmente nuestro consumo de tortugas lo que provoca su desaparición? A veces tenemos la sensación de ser culpados por un mal que no es realmente de nuestra responsabilidad. No estamos pidiendo comer tortuga todos los días. Nunca lo hemos hecho. Sin embargo, como antes, de vez en cuando, según como nos sale la pesca".

Tevero el Anciano escucha asintiendo con la cabeza, mientras Fred lo señala regularmente con la barbilla en muestra de deferencia a la generación de las tradiciones desaparecidas. "Se nos pide cumplir con reglas en pos de la ecología pero ellos ya lo estaban haciendo sin conocer la palabra ecología".

"Practicábamos el Rahui, la preservación de nuestras tierras, por tradición” confirma Tevero. “Éramos nómadas en nuestro atolón porque sabemos de la fragilidad de la naturaleza, no se necesitan estudios para ver que un lugar como éste es vulnerable" dice señalando la estrecha banda emergida, entre océano y laguna. "El equilibrio entre la tierra y el mar es delicado, cualquier exceso lo pone en peligro".

Los ancianos respetaban el barbecho, viviendo en ciertas zonas para el cultivo del coprah*, migrando luego en otras para la pesca, habitando alternativamente parcelas de su país, dejando las demás en descanso durante este tiempo.

"Las medidas tomadas para la reserva se parecen a lo que estábamos haciendo. Es bueno porque corresponde a nuestras tradiciones, que los jóvenes estaban perdiendo al no vivir cada día con la naturaleza. Pero todas estas normas escritas son muy complicadas y difíciles de explicar a la gente. Antes los preceptos venían de los sabios y era parte de nuestra cultura".

La llegada del turismo y el cambio de modo de vida de las nuevas generaciones alteran el equilibrio tradicional. Sin control la protección de la isla se vuelve crítica. El atolón se ha dividido en zonas para mantener actividades de subsistencia junto a un turismo respetuoso.

Mientras hablamos se levanta un zumbido mecánico y vemos surgir un helicóptero arriba de nosotros. "Van a recoger el grupo de danza de la isla para una noche en un yate anclado en la laguna. Estoy al tanto: ¡Mi hija es parte de los bailarines!" comenta Fred. "Este año tenemos con regularidad este tipo de visitantes, pero no los vemos mucho en tierra, se quedan a bordo, dan trabajo a bastante gente".

Tomará tiempo y trabajo garantizar que las normas de protección del atolón se apliquen eficazmente. Fred agrega: " De existir zonas de anclaje para todos esos yates que vienen, impediría que los fondos sean dañados por las anclas. Por tradición nos gusta dar la bienvenida a los foráneos pero no debe ser a expensas de nuestra laguna".

Sibylle d'Orgeval

* Coprah: pulpa seca de coco para producir aceite

15/07/2011

"Siete especies de coral nunca antes observadas en las Islas Gambier"


Francesca, Julien, Connie Maier, Eric Béraud y Noan Le Bescot

Entrevista del capitán y de la científica en jefe.

Hervé Bourmaud y Francesca Benzoni comentan los 15 días de misión en las islas Gambier.

¿Cómo eligieron los sitios de buceo?

Francesca: Estudiamos el mapa de la laguna y hemos discutido con los habitantes, el objetivo siendo de cubrir todos los diferentes tipos de medio ambiente para alcanzar la mayor diversidad de corales y tratar de ser lo más exhaustivo posible sobre las especies residentes de la laguna.

Hervé: Hicimos el programa con los científicos, pero luego tuvimos que lidiar con el clima, sobre todo al final de la misión. Los buzos precisan condiciones óptimas para trabajar, un mínimo de viento y un oleaje mínimo. Aquí los vientos son bastante impredecibles, cada día tuvimos que reajustar el plan inicial para asegurarnos de estar protegidos. Cada elección es estratégica. ¡Es como jugar al ajedrez! Hemos perdido un día de buceo porque las condiciones eran realmente imposibles para bucear.

¿Cuál es el trabajo diario durante el leg coral?

Francesca: Con Eric Beraud, Connie Maier y Eric Roettinger hemos buceado dos veces al día durante una hora. Una sumersión por la mañana, otra por la tarde. En el agua cada quien se concentra en su trabajo. Se observa el estado de salud del arrecife, tomamos muestras de las diferentes especies encontradas, y tomamos fotos del área. Connie Maier trabaja sobre todo con su cámara. Ella estudia después sus fotos en computadora para evaluar la bioerosión sufrida por el coral.

Después del buceo, empieza la clasificación y preparamos el trabajo arduo por delante en los laboratorios. Cada noche yo identificaba un máximo de especies recolectadas durante el día pero tendré que comprobar después. Hoy en día, con la genética y la micro morfología, disponemos de herramientas muy eficaces para la clasificación de las especies. Esta colección debería convertirse en una referencia.

Hervé: Tratamos de ofrecer a los científicos las mejores condiciones de trabajo posible. Es el propósito de Tara. El papel del equipo de marineros a bordo es de colaborar con los científicos. Mathieu Oriot es responsable del buceo, el mismo es un buzo profesional, entiende perfectamente los parámetros de los científicos buzos, el maneja su material y su seguridad.

La dificultad en la laguna ha sido la navegación en aguas poco profundas. Alrededor de las islas, hay muchos arrecifes de coral entre los cuales hay que colarse. Eso exige mucha atención .Y el clima no fue amable con nosotros. Debiamos permanecer flexibles y barajar de nuevo nuestras opciones en función de nuevas condiciones, es la naturaleza la que decide primero, y luego nos arreglamos...

¿Un primer balance del trabajo en este leg?

Francesca: No es la primera vez que soy jefa científica en una misión coral, pero por primera vez, a la par con el trabajo sobre los corales hemos realizado estaciones de toma de muestras biológicas con Noan Le Bescot y Sarah Searson. Es muy interesante combinar los dos enfoques y cruzar resultados. Teníamos a bordo Claudio Stalder quien estudia en paralelo los foraminíferos, unos protistas bentónicos presentes en los sedimentos que recolectábamos en los sitios de buceo, estos organismos son muy buenos indicadores de la salud del agua. Es excepcional disponer de un equipo multidisciplinario, es muy rico. Los resultados vendrán después de trabajar en laboratorio, pero ya hemos capitalizado una gran diversidad de sitios de buceo, unas buenas cosechas.

Encontramos todas las especies registradas por J-P Chevalier, el biólogo que estudió el lugar en 1974, salvo una, e identificamos siete especies que nunca habían sido encontradas aquí. La que no vimos es la Stilofora pistilata, un coral ramificado que se encuentra también en el Océano Índico. Es un coral muy sensible al blanqueo, el estrés térmico causado por el cese de la simbiosis entre coral y microalgas. En las Maldivas en 98, hubo una gran mortalidad por blanqueo de este tipo de coral y desde entonces ha desaparecido; Tal vez sea el caso aquí. Esto es algo que debe ser estudiado cuando hagamos un balance sobre la diversidad en las Islas Gambier.

Hervé: Me apasionó el encuentro y el intercambio con los habitantes de las Gambier. Primero porque es vital escuchar sus consejos para la navegación, y también porque sus vidas son inseparables de la laguna: es donde viven, su lugar de trabajo, su fuente de ingresos gracias a la pesca y el cultivo de perlas. La salud de sus aguas es fundamental para ellos.

¿Qué cualidades se necesitan para ser una buena especialista en corales, o un buen capitán?

Francesca: Es importante amar a los museos, la zoología, la historia de la ciencia. ¡El trabajo no es sólo subacuático! Hay que bucear en las bibliotecas, estudiar las colecciones de los museos donde hay tesoros dormidos. Mi mentor me decía que se tarda entre 5 y 6 años para capacitarse en taxonomía de los corales, pero creo que nunca termina: más uno bucea, más uno recolecta y más se necesita estudiar las colecciones de los museos.

Nuestra época es particularmente interesante para la taxonomía gracias a nuevas técnicas como la genética o el micro-análisis: se ha vuelto a abrir la "caja de Pandora". Se debería volver a procesar todas las colecciones antiguas con estas nuevas herramientas. ¡Bastante trabajo!

Así que tiene que ser una pasión, sin contar el tiempo. Es parte de ti... (Francesca enseña su antebrazo con un tatuaje de coral ...). Así que para resumir la vida de especialista en corales: buceo, museos, literatura, mucho tiempo y pasión. Creo que uno debe ser "nerd", muy, muy nerd.

Hervé: Un capitán debe saber escuchar a la gente, especialmente en Tara con una tripulación mixta científicos / marineros. Los enfoques son distintos pero todos trabajamos para el mismo propósito. Para que esto funcione, debe haber una buena cohesión y que la complementariedad opere. Es lo que lo hace emocionante. No se puede descuidar el papel de cada quien. Cada uno es una pieza importante del engranaje.

En un leg como este no hay ningún problema. Todo el mundo es un apasionado y no cuenta su tiempo. Yo tenía más bien que cuidar de cada uno, ¡no de motivarle más! La fatiga es un elemento que tenemos que aprender a manejar, especialmente para los buzos, es la principal causa de accidentes.

¿Y de último?

Francesca: Siempre es un poco estresante ser "jefe", pero después de cuatro misiones corales ya tenemos experiencia, los equipos trabajaron juntos maravillosamente bien, tanto en el medio de los científicos que de los marineros.

Para Eric, Kahikai, Connie y yo era la primera colaboración, y ha sido increíblemente fluido, la alquimia se dio. En estos casos es muy agradable ser científico en jefe, no hay necesidad de dirigir, todo se da de forma natural. Creo que todos estamos muy tristes de partir. Es la marca de un buen leg. Cuando el ambiente es bueno, el trabajo se beneficia. ¿Cuándo es el próximo leg coral?

Sibylle d'Orgeval