Affichage des articles dont le libellé est Golfo de México. Afficher tous les articles
Affichage des articles dont le libellé est Golfo de México. Afficher tous les articles

09/01/2012

Haciendo memoria: la explosión de Deepwater Horizon


Y.Chavance/Tara Expeditions

Motores apagados, velas dobladas. Tara está iniciando una estación larga en el Golfo de México. ¿En medio de la nada? En realidad no. Hace dos años, cerca de aquí, tuvo lugar uno de los más importantes desastres ecológicos relacionados con el petróleo: la explosión de Deepwater Horizon. A primera vista, no queda rastro de la plataforma y de los millones de litros de oro negro derramados, pero los científicos todavía se preguntan si los microorganismos marinos aún llevan las marcas de la catástrofe. A la espera de los resultados, memoria de lo sucedido.

20 de abril 2010, Golfo de México, a 400 kilómetros de la costa de Luisiana. La plataforma de perforación off-shore Deepwater Horizon, en manos de la compañía BP, explota y arde en llamas. Se detectan varios escapes del preciado líquido. De las 115 personas que trabajan allí, mueren once en el acto. Dos días después de la explosión, la vasta estructura se hunde en 1500 metros de profundidad. Al día de hoy resulta todavía difícil determinar la exacta secuencia de lo ocurrido. Nadie parecía haber anticipado una catástrofe de tal magnitud.

Coloso con pies de barro

En 2007, el Minerals Management Service, una agencia de EE.UU. responsable de todo lo relacionado con la industria petrolera, impulsa tres estudios de riesgo ambiental en el Golfo, entre ellos uno sobre Deepwater Horizon. Se estima que un derrame no podría exceder unos cuantos miles de barriles (un barril contiene 160 litros de aceite), y que se disiparía en diez días, con pocas posibilidades de alcanzar la costa.

Con previsiones que tildan de "improbable" la hipótesis de un accidente, no se obliga BP a una evaluación prospectiva detallada del impacto. BP se lanza en una empresa de gran envergadura: realizar la perforación más profunda del mundo. Par ello, BP alquila la plataforma Deepwater Horizon a la empresa perforadora Transocean hasta el 2013. Se trata de una plataforma semi-sumergible que flota sobre el pozo, movida por potentes propulsores. Un verdadero gigante de los mares: más de 120 metros de largo, 80 de ancho, un derrick de 70 metros de altura. En 2009, BP bate así el récord mundial: un pozo de 10685 metros, de los cuales más de 1200 metros bajo el agua. Notoria hazaña tecnológica. Hasta la catástrofe del 20 de abril de 2011, mientras la plataforma se preparaba para celebrar su décimo aniversario, exponiendo así a la atención mundial una serie de deficiencias del sistema automatizado de seguridad.

Un derrame fuera de control

De inmediato, BP implementa las primeras medidas de contención de la catástrofe anunciada. Barcos-bombas luchan contra el incendio con chorros de agua. Cuatro robots sumergibles bajan a 1500 metros en un intento de parar las fugas. Lograran tapar solamente el menor de los tres escapes. El petróleo sigue fluyendo desde el piso oceánico. A principios de mayo, se instalan barreras flotantes. La mancha de petróleo ya cubre 10.000 kilómetros cuadrados y las primeras “galletas” llegan a la costa.

Por desgracia, el mal tiempo reduce en gran medida las operaciones de contención de una mancha que sigue creciendo. BP opta por utilizar una sustancia química de gran alcance, el Corexit 9500, supuesto a dispersar el aceite en micro-gotas. Una iniciativa ampliamente criticada: el impacto tóxico es predecible, con graves efectos potenciales sobre el ecosistema marino y los humanos.

BP sigue tratando de detener el flujo constante de petróleo que escapa de los restos de la plataforma reventada. Primer paso: perforar un segundo pozo para inyectar un producto de bloqueo. Eso tomará más de tres meses. Mientras tanto, se hacen otros intentos. Todos fallan. Una campana gigante de acero conectada a una bomba es colocada sobre la cabeza del pozo: se tapa la manguera. Otra campana, más pequeña: BP no logra colocarla encima de la fuga. La operación "Top kill" que consiste en inyectar lodo y cemento en el escape, tampoco tiene éxito. Al final, no es hasta el 4 de agosto 2010 que BP anuncia controlar por completo la fuga. Más de 100 días después de la explosión. .

Impactos ambientales

BP estima inicialmente la fuga a 1000 barriles diarios. Rápidamente se descubre que la cifra es subestimada. Se habla más bien de de 70.000 barriles por día. A lo largo de 100 días de fracasados intentos, se estima que unos 800 millones de litros de petróleo se han derramado en el Golfo de México. "Un Chernobyl de la industria petrolera". La marea negra ha cubierto 25.000 kilómetros cuadrados y ha bañado las costas de Mississippi, Luisiana, Alabama y Florida. Un mes después de la explosión, Tony Hayward, el presidente de BP, anuncia que el impacto ambiental sería "muy, muy bajo". En realidad, las consecuencias son desastrosas para los ecosistemas marinos y costeros. A finales de abril, el gobierno de EE.UU. califica oficialmente el derrame de desastre nacional. Cientos de aves, tortugas, delfines, son hallados muertos en el entorno del desastre.

Para los especialistas, son los efectos a largo plazo los que más preocupan: La toxicidad de los hidrocarburos y de los productos químicos utilizados como dispersantes podría afectar el ecosistema marino del Golfo, si la base de las cadenas alimentarias, como el plancton, resulta impactada.

Menos de dos años después, aunque ya se estén notando algunos efectos, como la disminución de la concentración de oxígeno en ciertas zonas, es demasiado temprano para sacar conclusiones definitivas. Las corrientes dispersan y diluyen el petróleo. Eso dificulta el análisis. Pero una cosa es cierta: el equipo de científico de Tara prestara especial atención a las muestras tomadas en esta estación del Golfo de México.

Yann Chavance

Ubicación de las 4000 plataformas petroleras y de gas actualmente en explotación en el norte del Golfo de México.Mapa aqui

Haciendo memoria: fotos

Un leg a la deriva


Golfo du México, mapa de temperaturas en grados Celsius, evidenciando las corrientes

Después de la fachada atlántica de Panamá rumbo a México, transitando por Belice y su interludio cinematográfico, Tara progresa en el Golfo de México. Nos estamos metiendo en el meollo de la tarea científica de este leg. Subir hacia el frio observando las corrientes marinas.

Para Loïc, el capitán, esta etapa se divide en dos partes. "Una primera parte antes de Belice, que ha sido bastante tranquila para nosotros. Pero a partir de ahora, entramos en un programa más apretado". Hay que confesar que esta primera parte ha dejado el equipo científico un poco frustrado: una sola estación corta a la salida del Canal de Panamá. La roseta se mantuvo en cubierta, por falta de permiso de muestrear. Ahora que Tara se está acercando a las aguas de EE.UU., las cosas van a cambiar, con dos estaciones largas, una en el centro del Golfo de México y la otra frente a la Florida.

Característica de este leg: Tara derivará con las corrientes marinas. Después de seguir la corriente del Caribe que se convierte en corriente de Yucatán al entrar en el Golfo, el "Loop current" nos subirá hacia la costa Este cuando se hace corriente de la Florida. Esta última, junto con otras corrientes, forma luego el famoso Gulf Stream. Emmanuel, el jefe científico, explica: "Es una oportunidad de seguir las mismas masas de agua y la evolución de los organismos que llevan, Estos organismos son parte de un mismo sistema; esto nos permite estudiar los cambios en la diversidad, la cantidad de organismos en un sistema que está conectado. "

Para seguir con la mayor precisión posible estas corrientes, el equipo se basa en los mapas por satélite que recibe. La temperatura del agua, el nivel del mar, la concentración de fitoplancton, cada mapa pone en evidencia la corriente que bordea la costa Este. Un trazado que coincide perfectamente con la ruta de Tara. ¿ Serán suficientes las dos estaciones programadas en un recorrido tan largo? "A lo largo de nuestro viaje, además de las estaciones, hemos previsto realizar por lo menos seis o siete perfiles CTD" contesta Emmanuel. Un CTD permite registrar una multitud de factores: conductividad, temperatura, profundidad, salinidad, concentración de oxígeno, fluorescencia. Al sumergirse la roseta, los investigadores tienen acceso a un perfil detallado de las características reales del agua que estamos cruzando. “Además, aun sin muestras de agua, una cámara revela la distribución del zooplancton, nos da una idea de la cantidad y del índole de las especies presentes".

Estos numerosos CTD nos permitirán seguir las masas de agua para hacer el vínculo entre las dos estaciones largas, proporcionando una visión general de las corrientes. Sin embargo la ubicación de las dos estaciones no es solamente motivada por el estudio de las corrientes. En el Golfo de México, la estación se llevará a cabo no lejos del lugar de un triste evento para los océanos: la explosión de la plataforma petrolera Deepwater Horizon en abril de 2010, que provocó uno de los peores derrames de petróleo en Estados Unidos. "Al parecer, no hay mas huellas de la catástrofe en el agua, pero tal vez encontremos rastros en los microorganismos marinos". Como de costumbre, se necesitarán estudios posteriores en tierra para levantar esta duda. Para los científicos a bordo, este leg ofrece entonces varias líneas de investigación.

Para los marineros, la navegación hasta Savannah se carga con una connotación simbólica. "Al dejar la Florida, nos encontraremos con un clima más riguroso, con viento frío viniendo del Norte” precisa Loïc. “¡Para Tara, este leg marca el final del verano!". Un verano que se habrá alargado casi un año.

Yann Chavance