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12/11/2017
08/11/2017
Yanaba island
Después de abandonar el sitio de estudio de la acidificación, nos adentramos más en el territorio de Papúa, navegando durante la noche hacia el noreste, hasta el atolón de Egum. Debemos someternos nuevamente a un recibimiento tradicional, la “costumbre”, que se lleva a cabo en la isla de Yanaba, en medio de chozas tradicionales sobre postes que miran hacia la laguna. Estas “costumbres”, que son indispensables para continuar nuestro muestreo, nos recuerdan la necesidad de tomarse el tiempo para escucharnos y hablarnos, unos a otros. Esta vez, nos tomará cuatro horas.
Llegamos
temprano esta mañana en el pequeño y poco profundo desfiladero del atolón de
Egum. Nicolas Bin, el segundo, sube en el mástil para señalar los arrecifes.
Esta zona no ha sido hidrografiada todavía, no existen mapas náuticos. Anclamos
frente al pueblo de la isla de Yanaba.
Una canoa
con vela bien establecida, maniobrada con destreza, se acerca. Es el jefe
tradicional, Andrew, un hombre maduro con mirada chispeante. Él nos invita a
unirnos a su comunidad, después del servicio religioso dominical, para explicar
nuestra visita al atolón.
A
principios de tarde, Loïc, Vincent, Joern, Cristoph y, por supuesto, Alfred
Yohang Ko'ou, nuestro observador científico
papú, y yo, aterrizamos en la playa.
Pasamos dos
horas esperando a la sombra de la cabaña del jefe tribal, que la comunidad se reúna junto a sus
personeros: el jefe del consejo, el director de la escuela, el magistrado. Los
niños aprovechan la espera para curiosear, preguntar, y así crear lazos de
confianza.
Orador
experimentado, tranquilo y relajado, Alfred puede entonces exponer los
propósitos de Tara Pacific y el trabajo que proyectamos aquí.
Alrededor
de 500 personas viven en autarquía en las dos islas habitadas del atolón.
Ciento veinte niños asisten a la escuela. No hay enlaces regulares a las "grandes"
islas cercanas. Dependen de sus canoas con pequeñas velas y cuerdas hechas de
materiales totalmente naturales. Estos isleños son excelentes marineros. Para
llegar a la capital de la provincia, Alotau, navegan durante dos días.
El consejo delibera y nos permite tomar
muestras de corales en sus aguas, después de negociar las tarifas de tal
autorización.
Visitamos
luego este pueblo muy bien ordenado y mantenido frente a la playa. En la
escuela, ofrecemos algunos útiles y las revistas de Tara Junior a los maestros.
Las únicas
dos chozas en ruinas cercanas son la clínica médica y la oficina de correos,
cerradas desde hace diez años... ¿Dónde está el Estado?
Estas
personas son tan cercanas, y tan aisladas a la vez; sin energía eléctrica, un
panel solar y una batería de vez en cuando. Sin radiocomunicación, sin enlace
satelital, sin internet. Un motor fuera de borda de 30 HP, que solo funciona en
reversa, guardado bajo candado en una cabaña. Los plásticos (boyas, envases...)
que trae el mar, se utilizan nuevamente para otros fines. Nada se pierde, todo
se transforma.
Los últimos
extranjeros en visitarlos fueron dos antropólogos australianos que pasaron dos
meses con ellos, hace más de un año. Muy raras veces pasan barcos por aquí.
Sin
embargo, los habitantes se atreven a esperar que, algún día, unos turistas los
visiten y que así puedan crear algo de actividad económica.
Mi sensación es mixta: no puedo evitar pensar que estas personas viven en un pequeño paraíso. Pero las heridas agudas e infectadas que estos jóvenes nos muestran al pedirnos medicamentos, me recuerdan la dura realidad.
Tan pronto
como se otorga la autorización, Jon, Becky, Grace y los dos Guillaume, se
lanzan, en avanzada, en uno de nuestros dos anexos, para ubicar el lugar de
nuestro próximo muestreo.
Mañana,
alrededor de las 5:30 zarparemos para acercarnos a esta nueva área de estudio.
Simon Rigal, capitán de Tara
03/11/2017
Tradición en Papúa Nueva Guinea
Salimos
de Alotau el 1 de noviembre al mediodía, para llegar de noche a la isla de
Normanby, 43 millas al noreste. En la mañana,
canoas de niños y adolescentes rodean Tara con curiosidad y sonrisas de bienvenida.
A las 7:30, con un sol rasante ya instalado sobre el bosque tropical, desembarcamos
para saludar a los anfitriones. Nuestra delegación
dirigida por Simon Rigal y el observador
científico papú embarcado, Alfred Yohang Ko'ou, toca tierra en la isla de Soba
Soba. Los niños lucen encantados mientras los adultos, más retraídos, aguardan
el primer saludo formal.
Al pie
de dos viviendas hechas de palma trenzada, nos sentamos en el suelo alrededor
de una estera de palma desplegada para nosotros. Rodeados de perros, gallinas y
un puerco, la familia reunida nos da la acogida tradicional como es costumbre.
Alfred explica de donde venimos en idioma papú,
qué hacemos en la expedición, y, usando el mapamundi de su camiseta de Tara,
muestra el recorrido de la goleta desde Francia. Kanagola, el jefe de la
comunidad, escucha atentamente.
Nuestra
jefa científica, Rebecca Vega Thurber, Beckie, detalla luego nuestro interés en
esta bahía y lo que nos gustaría hacer allí. El jefe sigue prestando sostenida atención
en silencio, sin expresar reacción alguna. De repente, él sale de su silencio: "¡Ah, the bubbles! “ (Las
burbujas).
Beckie recuerda que una misión ya ha visitado
el lugar en 2013, para estudiar las burbujas de CO2 que emanan del fondo marino.
Kanagola asiente. Beckie concluye: “Hemos venido para hacer una nueva campaña
sobre esas burbujas de dióxido de carbono y sus consecuencias en el ecosistema
coralino. Luego compararemos estos resultados con los anteriores. El océano se está acidificando ahora mismo y ustedes
tienen, frente a su playa, un
laboratorio excepcional.”
El jefe
de la comunidad se muestra confiado: "Les doy permiso para hacer lo que
tienen que hacer aquí. Pero si van a la siguiente bahía, tendrán que pedirle su
consentimiento a la otra comunidad”.
Simon saca
de su mochila algunas revistas de Tara Junior en inglés, y se las da: "Son
revistas para niños, pero como adulto, aprendí muchas cosas." Kanagola le
agradece con una sonrisa.
El
ceremonial termina. Se nos da permiso para tomar algunas fotos de este cuadro de
la vida tradicional, sin electricidad ni agua.
Vincent Hilaire
31/10/2017
Alotau, Papúa Nueva Guinea
Habíamos dejado el apacible pueblo de Gizo en las Salomón, con algo de nostalgia. Al bordear las últimas islas del archipiélago de Salomón, la madre naturaleza nos regaló uno de esos momentos mágicos, de los cuales solo ella tiene el secreto: un banco de cinco delfines jugando frente a la proa de Tara, en medio de una puesta de sol de antología, bajo una magnífica nube cumuliforme.
Después de
dos días de navegación sin vientos y con motores, sobre un mar liso, aplastado
por un calor agobiante, la noche nos ofreció un cielo extraordinariamente
estrellado, salpicado de millones de estrellas. En la
madrugada, descubrimos un nuevo país montañoso y verde. El sol hace una tímida
entrada, antes de establecerse generosamente.
Acabamos de
llegar a Alotau, Papúa Nueva Guinea, un país de unos 7 millones de habitantes
que ocupa 462,840 km² de la parte
oriental de la segunda mayor isla del mundo (785 753 km²).
Alotau es
una pequeña ciudad provincial de 15 mil habitantes, bien protegida en una ensenada
de la costa norte de la profunda bahía de Milne Bay, escenario de la primera
derrota japonesa en la guerra del Pacífico en 1942.
Mientras nos amarramos al muelle, se acercan unos curiosos atraídos por nuestra rara goleta.
– "¿Tara, es el nombre del
barco? ¿De dónde vienen? "
–
“De Francia”
– "¿Dónde queda?”
– "..."
Saldremos
de Alotau el 1 de noviembre, rumbo a 3 sitios de muestreo, uno de los cuales
está dedicado exclusivamente al estudio de la acidificación del agua y sus
consecuencias sobre el coral. Aquí, las emanaciones del CO2 natural proveniente
de los fondos marinos, modifican la química del océano, y ofrecen un
laboratorio natural a los científicos, preocupados por el impacto del CO2
atmosférico sobre la biodiversidad marina.
Vincent Hilaire.
29/10/2017
18/10/2017
Guadalcanal, Honiara
Zarpamos de Poum con solo 8 almas a bordo, disfrutando de una navegación con velas en medio del Mar de Coral.
Guillaume
Bourdin, ingeniero oceanógrafo del laboratorio de Villefranche (Francia), aprovecha las buenas
condiciones meteorológicas entre Poum y
las islas Salomón para lanzar las redes
e instrumentos de un programa de 6 estaciones en movimiento: muestreo genómico,
taxonomía, imágenes, biogeoquímica, óptica, aerosoles...
La última
noche de navegación nos trae fragancias nuevas: arboles resinosos, tierra húmeda, flores...El anuncio de una
isla de Guadalcanal cercana. Al alba,
aparece una espesa cobertura forestal, una alfombra verde, dominada por una
cadena de picos volcánicos atrapando las nubes. Las aguas turquesas a lo largo de la costa que bordeamos por 160 km, son
el terreno de cacería de pequeños delfines al acecho de atunes.
Llegamos a
Honiara este 18 de octubre, después de cuatro días cómodos. Pero pronto, nos
impacta el contraste. Llegando de Nueva Caledonia y de una Melanesia mejor
dotadas, descubrimos en los muelles de esta ciudad capital de 85 mil habitantes,
la vida difícil de este archipiélago, sus pequeños ferris oxidados trayendo los habitantes de las islas
vecinas, sus cargueros fondeados en espera de leños, y sus aserraderos por doquier, signos de una
intensa explotación del bosque.
Víctima de
un ciclón devastador en 1986, de dos terremotos en 2007 y 2013, y de una actual
inestabilidad política, el archipiélago de las Salomón es el más pobre de esta
región del Pacífico.
Nos
quedaremos atracados 2 días antes de salir a explorar 3 arrecifes cercanos. Nos
alcanza aquí un nuevo equipo científico, liderado por la bióloga Rebecca Vega
Thurber ((Oregon State University, USA),
que se quedará hasta Papúa-Nueva Guinea.
Vincent Hilaire.
14/10/2017
Poum
Al dejar la isla de Surprise, nos acompaña un viento sostenido sureste, de unos 20 nudos. Nuestra ruta de 140 millas hacia Poum nos da un ángulo favorable para izar las velas y apagar los motores. Marineros y científicos se afanan para establecer misana y yankee. Un esfuerzo mancomunado para gozar luego del sentimiento de libertad que uno vive al navegar un día entero con velas, aún a 8 nudos en un mar desordenado.
Al alba,
regresamos a la laguna por el paso de Estrées.
A la latitud de las islas Belep, entre el azul del agua, el rojo de la
tierra y el verde de los pinos colonarios, Nueva Caledonia nos revela nuevos
encantos.
Poum, al
norte de Grande Terre, es un pequeño pueblo de un centenar de habitantes asentados
frente a la laguna. El conjunto de la comuna, de unos 1500 habitantes, es parte
del área tradicional kanak de Hoot ma Waap. Una alcaldía, una escuela, un destacamento
de gendarmería, una oficina de correos y una gasolinera. Unos niños jugando en la
playa, una yola con dos mujeres pescando, un ambiente apacible y unos
habitantes que nos saludan con una sonrisa.
Nuestra
escala aquí es corta y marca el final de la misión en Nueva Caledonia, junto a
los científicos del IRD y la UNC. Mañana,
zarpamos rumbo a las islas Salomón.
Vincent Hilaire
18/08/2017
Sidney
8 días y 1,215 millas de navegación intensa desde Whangarei, Nueva Zelanda, para llegar a Sidney, Australia, este 18 de agosto.
“Hemos
encontrado un poco de todo en este tramo agitado. En esta estación, se siguen
las depresiones una tras otra, entre la costa este de Australia y Nueva
Zelanda. Es como en el Atlántico norte.” Se requirió toda la experiencia de Simon
Rigal y de los marineros para negociar unos vientos de oeste de 15 a 50 nudos.
Y cada uno de los 10 a bordo se entregó al máximo de sus capacidades.
Pero, al
amanecer, Sídney y sus torres surgen del horizonte sobre un mar por fin
calmado. Entrar en la bahía de Sídney es un momento codiciado. Bordeamos una
primera punta dominada por un faro blanco, y nos aparece la famosa ópera en unas
de las más bellas bahías del mundo.
Después del Harbour Bridge, un giro a la izquierda,
para amarrarnos al muelle del Australian National Maritime Museum, en Darling
Harbour. Una vez cumplidos los tramites de aduanas, los marineros se dedican a
lavar la cubierta y el aparejo. Es un Tara “en costra de sal” que nos ha
llevado hasta aquí.
Mañana, presentación
de Tara Pacific a la prensa. Una semana de visitas de escolares y del público general
hasta el 24 de agosto, fecha de zarpe rumbo a Heron Island, al sur de la Gran
Barrera de coral.
Seguiremos
luego hacia el este, hacia las islas Chesterfield y Nueva Caledonia, con 15
almas a bordo, un equipo científico de nuevo completado.
Vincent Hilaire.
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