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03/11/2017

Tradición en Papúa Nueva Guinea



Salimos de Alotau el 1 de noviembre al mediodía, para llegar de noche a la isla de Normanby, 43 millas al noreste. En la mañana, canoas de niños y adolescentes rodean Tara con curiosidad y sonrisas de bienvenida. A las 7:30, con un sol rasante ya instalado sobre el bosque tropical, desembarcamos para saludar a los anfitriones. Nuestra delegación dirigida por Simon Rigal y el  observador científico papú embarcado, Alfred Yohang Ko'ou, toca tierra en la isla de Soba Soba. Los niños lucen encantados mientras los adultos, más retraídos, aguardan el primer saludo formal. 
 
Al pie de dos viviendas hechas de palma trenzada, nos sentamos en el suelo alrededor de una estera de palma desplegada para nosotros. Rodeados de perros, gallinas y un puerco, la familia reunida nos da la acogida tradicional como es costumbre.
Alfred explica de donde venimos en idioma papú, qué hacemos en la expedición, y, usando el mapamundi de su camiseta de Tara, muestra el recorrido de la goleta desde Francia. Kanagola, el jefe de la comunidad, escucha atentamente.

Nuestra jefa científica, Rebecca Vega Thurber, Beckie, detalla luego nuestro interés en esta bahía y lo que nos gustaría hacer allí. El jefe sigue prestando sostenida atención en silencio, sin expresar reacción alguna. De repente, él sale  de su silencio: "¡Ah, the bubbles! “ (Las burbujas).

Beckie recuerda que una misión ya ha visitado el lugar en 2013, para estudiar las burbujas de CO2 que emanan del fondo marino. Kanagola asiente. Beckie concluye: “Hemos venido para hacer una nueva campaña sobre esas burbujas de dióxido de carbono y sus consecuencias en el ecosistema coralino. Luego compararemos estos resultados con los anteriores.  El océano se está acidificando ahora mismo y ustedes tienen,  frente a su playa, un laboratorio excepcional.”

El jefe de la comunidad se muestra confiado: "Les doy permiso para hacer lo que tienen que hacer aquí. Pero si van a la siguiente bahía, tendrán que pedirle su consentimiento a la otra comunidad”.
Simon saca de su mochila algunas revistas de Tara Junior en inglés, y se las da: "Son revistas para niños, pero como adulto, aprendí muchas cosas." Kanagola le agradece con una sonrisa.
El ceremonial termina. Se nos da permiso para tomar algunas fotos de este cuadro de la vida tradicional, sin electricidad ni agua. 

Vincent Hilaire

31/10/2017

Alotau, Papúa Nueva Guinea


Habíamos dejado el apacible pueblo de Gizo en las Salomón, con algo de nostalgia. Al bordear las últimas islas del archipiélago de Salomón, la madre naturaleza nos regaló uno de esos momentos mágicos, de los cuales solo ella tiene el secreto: un banco de cinco delfines jugando frente a la proa de Tara, en medio de una puesta de sol de antología, bajo una magnífica nube cumuliforme.
Después de dos días de navegación sin vientos y con motores, sobre un mar liso, aplastado por un calor agobiante, la noche nos ofreció un cielo extraordinariamente estrellado, salpicado de millones de estrellas. En la madrugada, descubrimos un nuevo país montañoso y verde. El sol hace una tímida entrada, antes de establecerse generosamente.

Acabamos de llegar a Alotau, Papúa Nueva Guinea, un país de unos 7 millones de habitantes que ocupa  462,840 km² de la parte oriental de la segunda mayor isla del mundo (785 753 km²).
Alotau es una pequeña ciudad provincial de 15 mil habitantes, bien protegida en una ensenada de la costa norte de la profunda bahía de Milne Bay, escenario de la primera derrota japonesa en la guerra del Pacífico en 1942.
Mientras nos amarramos al muelle, se acercan unos curiosos atraídos por nuestra rara goleta.
– "¿Tara, es el nombre del barco? ¿De dónde vienen? "
–  “De Francia”
– "¿Dónde queda?”
– "..."
Saldremos de Alotau el 1 de noviembre, rumbo a 3 sitios de muestreo, uno de los cuales está dedicado exclusivamente al estudio de la acidificación del agua y sus consecuencias sobre el coral. Aquí, las emanaciones del CO2 natural proveniente de los fondos marinos, modifican la química del océano, y ofrecen un laboratorio natural a los científicos, preocupados por el impacto del CO2 atmosférico sobre la biodiversidad marina. 

Vincent Hilaire.

18/10/2017

Guadalcanal, Honiara


Zarpamos de Poum con solo 8 almas a bordo, disfrutando de una navegación con velas en medio del Mar de Coral.
Guillaume Bourdin, ingeniero oceanógrafo del laboratorio de Villefranche (Francia), aprovecha las buenas condiciones meteorológicas entre Poum y las islas Salomón  para lanzar las redes e instrumentos de un programa de 6 estaciones en movimiento: muestreo genómico, taxonomía, imágenes, biogeoquímica, óptica, aerosoles... 
La última noche de navegación nos trae fragancias nuevas: arboles resinosos,  tierra húmeda, flores...El anuncio de una isla de Guadalcanal cercana. Al alba, aparece una espesa cobertura forestal, una alfombra verde, dominada por una cadena de picos volcánicos atrapando las nubes. Las aguas turquesas a lo largo de la costa que bordeamos por 160 km, son el terreno de cacería de pequeños delfines al acecho de atunes.

Llegamos a Honiara este 18 de octubre, después de cuatro días cómodos. Pero pronto, nos impacta el contraste. Llegando de Nueva Caledonia y de una Melanesia mejor dotadas, descubrimos  en los muelles  de esta ciudad capital de 85 mil habitantes, la vida difícil de este archipiélago, sus pequeños ferris oxidados trayendo los habitantes de las islas vecinas, sus cargueros fondeados en espera de leños, y sus aserraderos por doquier, signos de una intensa explotación del bosque. 
  
Víctima de un ciclón devastador en 1986, de dos terremotos en 2007 y 2013, y de una actual inestabilidad política, el archipiélago de las Salomón es el más pobre de esta región del Pacífico.
Nos quedaremos atracados 2 días antes de salir a explorar 3 arrecifes cercanos. Nos alcanza aquí un nuevo equipo científico, liderado por la bióloga Rebecca Vega Thurber ((Oregon State University,  USA), que se quedará hasta Papúa-Nueva Guinea.

Vincent Hilaire.

14/10/2017

Poum


Al dejar la isla de Surprise, nos acompaña un viento sostenido sureste, de unos 20 nudos. Nuestra ruta de 140 millas hacia Poum nos da un ángulo favorable para izar las velas y apagar los motores. Marineros y científicos se afanan para establecer misana y yankee. Un esfuerzo mancomunado para gozar luego del sentimiento de libertad que uno vive al navegar un día entero con velas, aún a 8 nudos en un mar desordenado.    

Al alba, regresamos a la laguna por el paso de Estrées.  A la latitud de las islas Belep, entre el azul del agua, el rojo de la tierra y el verde de los pinos colonarios, Nueva Caledonia nos revela nuevos encantos. 

Poum, al norte de Grande Terre, es un pequeño pueblo de un centenar de habitantes asentados frente a la laguna. El conjunto de la comuna, de unos 1500 habitantes, es parte del área tradicional kanak de Hoot ma Waap. Una alcaldía, una escuela, un destacamento de gendarmería, una oficina de correos y una gasolinera. Unos niños jugando en la playa, una yola con dos mujeres pescando, un ambiente apacible y unos habitantes que nos saludan con una sonrisa.

Nuestra escala aquí es corta y marca el final de la misión en Nueva Caledonia, junto a los científicos del IRD y la UNC.  Mañana, zarpamos rumbo a las islas Salomón. 

Vincent Hilaire




28/09/2017

Nouméa


Al salir del ambiente apacible de las Chesterfield, nos esperaban 3 días de navegación laboriosa, contra un viento del sureste bien establecido, para alcanzar Nueva Caledonia.

Rutina de las tareas domésticas y de mantenimiento, turnos de navegación, recolección de  plancton, ronroneo de los dos motores, la vida a bordo retoma rápidamente su curso regular, hasta monótono, pese al viento y al mar contrarios. 72 horas después, bordeamos una costa montañosa en una espesa neblina. Entrar en la laguna de Nueva Caledonia es una liberación del cabeceo y del balanceo. Dos noches en anclajes protegidos y una lenta progresión hacia Numea, bastan para que todos se repongan.
Descubrimos las primeras torres de esta urbe de 180 mil habitantes, la ciudad francófona más poblada del Pacífico.
Una vez atracados en Port Moselle, empieza el programa de la escala: visitas del público y de escolares, conferencias, una semana de encuentros.
Vincent Hilaire  

25/08/2017

Hacia la Gran Barrera de Coral


Este 25 de agosto, Tara se enrumba al noreste, saliendo de la bahía de Sídney con vientos de 25 nudos a favor. Los 7 científicos recién embarcados disfrutan de unas condiciones óptimas: sol y cielo azul. 

Nos dirigimos hacia Heron island, nuestro primer sitio de estudio, al sur de la Gran Barrera de coral. Dejamos con reconocimiento el apacible ambiente que hemos encontrado en la ciudad de Sídney.
Vamos al encuentro de uno de los hitos mayores de este segundo año de expedición Tara Pacific. “The Great Barrier Reef”, construida por un pólipo de unos centímetros de largo, es la más grande estructura coralina del planeta y se observa desde la estación espacial internacional.  

Seguiremos la costa sin verla: Newcastle, Macquarie, la Gold Coast y la isla Frazer. Los marineros izaron las velas. Andamos cómodos, a  siete nudos. El ritmo que impone el mar y la navegación se apodera tranquilamente de la tripulación. Hemos vuelto a organizar los primeros turnos. Cuatro delfines de gran tamaño vienen a inspeccionar la proa y a saludarnos con saltos espectaculares. Nos quedan 600 millas para llegar a Heron island.
Vincent Hilaire.




21/08/2017

Charlène Gicquel, con tenacidad


Algunas notas de acordeón brotan de la cabina delantera de Tara. Es un momento privado que Charlène Gicquel  saborea en particular. Esta capitán de marina mercante, de 32 años, esperaba con ansias sus primeras millas a bordo de la goleta. Desde hace 13 años.

Charlène, es tu primer contrato con Tara en calidad de jefe mecánico, ¿cómo te sientes?
“Un poco ansiosa porque no conozco totalmente el barco en operación, aunque haya participado en las obras de mantenimiento en Whangarei. Me gusta la idea de que Simon Rigal, habitualmente  jefe mecánico en las «Abeilles », este cerca. En estos primeros pasos, me permite contar con un respaldo experto en caso de avería, y así evitar meter la pata.

Me inclinaba por un puesto de oficial de cubierta. Pero me gustaría aportar mi contribución, a largo plazo, en máquinas de Tara. Eso requiere de tanta energía y compromiso al inicio, que resultaría  lógico seguir en esta función. El desafío es ahora en vivo. Mi objetivo es cumplir de la mejor manera este primer contrato.

Para llegar aquí, después de tantos años de espera, renuncié al  puesto de segundo capitán a bordo del velero “Ponant”. Porque desde que vi a Tara en Marsella, se había vuelto obsesivo  tener un lugar a bordo.

Nada me predestinaba a los oficios del mar, no hay antecedentes en mi familia. A los 12 años, como muchos adolescentes franceses, empiezo con mis primeros cursos de vela en Bretaña. Mi padre creció en Vannes, pero su familia no navegaba. A los 15 años, descubro el catamarán. Eso me llena de nuevas sensaciones. Al final de este curso, el instructor me dijo: “Si tú quieres, el año próximo, puedes regresar a trabajar conmigo como instructor adjunto”. Seguí  el caminoa hasta un diploma de instructor de vela a los 18 años. Embarqué luego para mis primeras navegaciones en alta mar.  Progresivamente, germinó la idea de que hacer mi vida con un oficio vinculado al mar podría ser bueno.

Yo pensaba más bien en la construcción naval, o la oceanografía. Una amiga me habló bien de la marina mercante.  Se dio un “click”. Me inscribí al concurso después del bachillerato. Funcionó. Me integré a “Hydro”, en Marsella, en 2003.
Un año más tarde, Tara hacía escala en Marsella. Postulé una primera vez, deseando embarcar algún día.

Durante eso años de marina mercante a bordo de  portacontenedores y de tankers, ¿sigues postulando para embarcar en Tara, en particular para la deriva ártica?
Tara era una obsesión. Yo laboraba en buques de comercio, pero seguía buscando otra cosa. Un día, Simon me habló de los barcos del Padre Jaouen, el “Bel Espoir” y el “Rara Avis”. Embarcar en ellos ha cambiado mi vida. Es así que quería vivir mi oficio. Esas vivencias me abrieron horizontes alucinantes.
Los tripulantes de esos barcos tenían experiencias muy diversas. Todos iniciábamos desde cero. Eso permitía que todo el mundo se enriqueciera  y progresara. Era muy estimulante.

Después de este año 2006-2007 genial, recibí propuestas de navegación en medio polar, en Noruega y Spitzberg.  Conseguí un contrato de voluntaria civil de cooperación técnica para pasar una invernada en la base Dumont d’Urville, Antártica, en 2009, en calidad de segundo mecánico.

Al regresar de Antártica, embarqué en el “Belem” (2010) para dos temporadas completas.  También terminé mi 5to. año de marina mercante. Postulé para Tara Océans, pero no había espacio para mí. Luego entendí que con mis diplomas y mi experiencia, ya sería posible.

Embarqué más tarde en el “Ponant”, antes de un año completo a bordo de “Hermione”. En la primavera de 2017, Simon me avisó de que Tara Expéditions buscaba un jefe mecánico. Y aquí estoy.

Entrevista por Vincent Hilaire.

18/08/2017

Sidney


8 días y 1,215 millas de navegación intensa desde Whangarei, Nueva Zelanda, para llegar a Sidney, Australia, este 18 de agosto.
“Hemos encontrado un poco de todo en este tramo agitado. En esta estación, se siguen las depresiones una tras otra, entre la costa este de Australia y Nueva Zelanda. Es como en el Atlántico norte.” Se requirió toda la experiencia de Simon Rigal y de los marineros para negociar unos vientos de oeste de 15 a 50 nudos. Y cada uno de los 10 a bordo se entregó al máximo de sus capacidades.
Pero, al amanecer, Sídney y sus torres surgen del horizonte sobre un mar por fin calmado. Entrar en la bahía de Sídney es un momento codiciado. Bordeamos una primera punta dominada por un faro blanco, y nos aparece la famosa ópera en unas de las más bellas bahías del mundo. 
Después del Harbour Bridge, un giro a la izquierda, para amarrarnos al muelle del Australian National Maritime Museum, en Darling Harbour. Una vez cumplidos los tramites de aduanas, los marineros se dedican a lavar la cubierta y el aparejo. Es un Tara “en costra de sal” que nos ha llevado hasta aquí.

Mañana, presentación de Tara Pacific a la prensa. Una semana de visitas de escolares y del público general hasta el 24 de agosto, fecha de zarpe rumbo a Heron Island, al sur de la Gran Barrera de coral.
Seguiremos luego hacia el este, hacia las islas Chesterfield y Nueva Caledonia, con 15 almas a bordo, un equipo científico de nuevo completado.

Vincent Hilaire.    

11/08/2017

Simon Rigal, capitán


Desde hace 10 años, Simon trabaja a bordo de remolcadores de tipo “Abeille”. Él está de vuelta al mando de Tara hasta Papúa Nueva Guinea, en reemplazo de Martin Hertau, el habitual relevo  de  Samuel Audrain, el capitán titular saliente. Martin se encuentra actualmente en formación en la Escuela de Marina Mercante de Nantes.
Simon ya estaba al timón de Tara en Agosto 2005. Él tenía 27 años entonces, y capitaneaba una campaña ornitológica en Georgia del Sur.

Simon, regresas después de 12 años. ¿Nos explicas? 
“Romain Troublé y yo mantenemos el contacto desde la expedición en Georgia del Sur. El me invita en cada oportunidad. Esta vez, cuando me ofreció este ínterin, me ha conmovido particularmente. Sentí que era un “ábrete sésamo” para regresar a bordo. Me atreví a pedir a la dirección de “Les Abeilles”, -que agradezco-, una licencia sin sueldo. Regresar a bordo de Tara me da la impresión de cerrar un círculo.

Después de Georgia del Sur, yo había llevado a Tara de Lorient hasta su invernada sobre el hielo ártico, para la expedición Tara Arctic. Esos recuerdos vuelven a la superficie. Reencuentro una aventura marítima peculiar. Vuelvo a toparme con conocidos: Daniel Cron, Nicolas de la Brosse, Charlène Gicquel, Samuel Audrain,  Marion Lauters. Cada quien ha construido positivamente su evolución, al igual que el proyecto Tara. Además, Nueva Zelanda y Australia son zonas que no conozco.

Tú recibes el timón de manos de Samuel. Ustedes dos se conocen desde hace mucho, cuando él era un simple  marinero.
Conozco Samuel desde el  2005, en la expedición Clipperton, conducida por Jean-Louis Étienne en  el “Rara Avis”, uno de los barcos del Padre Jaouen.  Yo acababa de salir de mi 5to. año de Marina Mercante. Samuel, quien estaba en Tara, me mencionó que buscaban un skipper. Es así que empecé con Tara. 

Salí con Tara de Camaret, en agosto de 2005, para una campaña en el Gran Sur: Georgia, Patagonia, Diego Ramírez. Yo era un joven capitán de 27 años, y estaba timoneando un barco genial. Estaba en íntimo contacto con la aventura, las culturas, la ciencia, el  arte, todas dimensiones que amo. Trabajábamos con el British Antarctic Survey para un censo de petreles gigantes (Macronectes halli), de albatros (Diomedeidae), de leones marinos (Arctophoca tropicalis). También nos acompañaba un glaciólogo que sembraba sensores para medir la evolución de los glaciares en la Antártica. Luego hicimos una segunda campaña con Sally Poncet, bióloga australiana especialista de la Antártica, y Ellen Mac Arthur.

Luego de dos campañas en el Gran Sur, regresamos el barco a Francia, por Diego Ramírez y el Cabo de Hornos. Y Romain me pidió llevar Tara hasta la banquisa.
No me quise quedar más tiempo, por el cansancio acumulado en esos dos años de circunnavegación. Pensaba regresar para el segundo invierno de la expedición y llevar el barco de regreso a Lorient. Pero me convertí en padre de familia, y comencé mi carrera en “Les Abeilles”.

¿En que condición encuentras la goleta hoy en día?
A nivel técnico, hay dos motores nuevos y dos nuevas hélices que estamos todavía probando. También se mejoró el escape. Las velas están en buena condición. Tara envejece bien. Es el fruto de un enorme trabajo de los marineros. Tara conserva este “look” futurista de los años 90’s. (Sonrisas). Pega siempre igual de duro al mar de frente. Esta goleta es todo un proyecto per se. Rindo homenaje a todos los que han levantado esta aventura y que siguen haciéndolo para que no se detenga.”
Sin duda, el jefe mecánico de «Abeille Languedoc» está para saborear su navegación al mando de Tara hasta Papúa Nueva Guinea.

Entrevista por Vincent Hilaire.

10/08/2017

Rumbo a Sidney



Acabamos de zarpar hacia el segundo año de la expedición Tara Pacific, dedicada al estudio de los corales. Los científicos apuntan ahora a las dos estructuras más grandes construidas por este animal en el planeta, en Australia y Nueva Caledonia.

Después de un día de lluvia a cantaros, el sol sale dos horas antes de nuestro zarpe. Nos ofrece un fin de tarde excepcional. Los paisajes de Whangarei se visten de los colores de nuestra Suiza normanda y de Limousin.
Simon, nuestro capitán, apenas librado de la clearance y de las aduanas kiwi,  le pide a Charlène Gicquel, jefe mecánico hasta Sidney, lanzar los dos motores. Simon no esconde su impaciencia por  aprovechar la mejoría y maniobrar para salir al río.
Samuel Audrain, capitán saliente, y Marion Lauters, chef saliente, prestan servicio de prácticos de muelle para soltar las amarras. Suavemente, Simon embraga en reversa. Con un último saludo de Marion y Samuel, Tara se enrumba al este.
Nos quedan unos 15 kilómetros, nocturnos esta vez, para salir de esta hermosa ría sinuosa y alcanzar el mar abierto. Dos horas más tarde, los primeros movimientos de balanceo avisan nuestra entrada en el Elemento. Como un dromedario en mar de arena, la goleta progresa en un movimiento “metronómico” hacia adelante, un paso muy castizo.
Navegaremos así con motor durante un día entero, antes de encontrar condiciones más musculosas. Los datos meteo anuncian vientos del este, de 30 nudos, por los días venideros.

Iniciamos nuestra navegación hacia Sídney, Australia, con viento en contra. Podría ser incómodo para los 10 a bordo que deberán “amarinarse”, o sea, acostumbrarse rápidamente. Para estabilizar la goleta y controlar su danza, los marineros izan la mayor y el trinquete.
En esta primera noche de navegación, nos acompaña una luna casi llena. Nos esperan en Sídney, 1,215 millas adelante, el 18 de agosto. Será la segunda vez que la goleta se presente en Darling Harbour. En marzo 1990, Jean-Louis Étienne culminaba allí su expedición «Transantarctica», con 6  exploradores a bordo.

Vincent Hilaire.