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31/10/2017

La acidificación de los océanos


Cada día, los océanos absorben una cuarta parte del CO2 antrópico emitido en la atmósfera, lo que modifica la química del agua de mar y acarrea una acidificación de los océanos debido a la disminución del pH del agua. El coral, al igual que otras especies calcificadas, se ve directamente afectado por este proceso de acidificación.

Durante la escala de Tara en Keelung, Taiwán, hemos entrevistado a Alexander Venn, científico investigador del Centro Científico de Mónaco, de visita en la National Taiwan Ocean University. Alexander Venn estudia la calcificación y la regulación del pH de los corales.

Desde la década de 1990, oímos mencionar la acidificación del océano. ¿Nos puede explicar exactamente de qué se trata?
La acidificación del Océano es un proceso en el cual el CO2 emitido en la atmósfera, acidifica el océano. No podemos decir que el océano es realmente "ácido"; Solamente se vuelve menos alcalino, debido a la disminución progresiva del pH del agua de mar. El dióxido de carbono es un gas ácido, que se disuelve en el agua de mar. Hoy, estimamos que la acidez de los océanos ha aumentado en un 30% desde el comienzo de la revolución industrial.

Cuando los investigadores consideraron seriamente el tema de la acidificación hace unos 20 años, la comunidad científica ya estaba preocupada por los efectos nocivos sobre los corales. Ahora sabemos con certeza que, en respuesta a la acidificación, muchos corales construyen sus esqueletos más lentamente.

También hemos descubierto que los corales saben cómo controlar y regular relativamente bien su pH interno. Cuando observamos una caída del pH del agua de mar, eso se acompaña de una disminución mucho menor del pH en el coral, donde él calcifica. Este principio se aplica a todos los organismos, animales y plantas: una parte muy importante de su fisiología está dedicada al control de su pH interno. Nosotros también debemos controlar nuestro pH sanguíneo porque si aumenta o disminuye demasiado, morimos.

¿Este descubrimiento es buena o mala noticia?
La buena noticia, es que los corales son potencialmente más resistentes de lo que esperábamos. El problema es que, de todos modos, su pH interno disminuye con la acidificación del agua de mar, lo que repercute en la calcificación.

Pero también planteamos la hipótesis de que los corales destinan más energía a la regulación de su pH interno cuando el pH del agua de mar disminuye. Si gastan una gran parte de su energía en esta regulación, tienen menos energía para dedicarse a otros procesos que son esenciales para la vida.

¿De qué procesos está hablando?
De la calcificación en sí. Sabemos que a medida que el pH del agua de mar disminuye y los corales luchan por controlar su pH interno, algunos de ellos producen un esqueleto más poroso y, por lo tanto, potencialmente más frágil, con grandes cavidades.
Imaginemos: Digamos que el carbonato de calcio de un esqueleto de coral es como el cemento o los ladrillos para una casa. Estos ladrillos se vuelven más costosos de producir. Si comparamos el esqueleto de coral con una casa, él  construirá una vivienda con pasillos, habitaciones y ventanas más grandes, pero como resultado, paredes más delgadas. Durante una tormenta, la estructura es menos resistente. 
Eso es lo que nos preocupa. Hemos demostrado que este fenómeno ocurre en una especie importante de coral, en Taiwán: Stylophora pistillata, el coral digitiforme (en forma de dedos). Es un gran coral ramificado que se encuentra en todo el Pacífico, el Mar Rojo y el Océano Índico. También es importante señalar que Stylophora pistillata es una especie relativamente resistente y que, aunque todas las especies de coral son capaces de controlar su pH interno, su capacidad para hacerlo varía. Con esto quiero decir que algunos corales son más vulnerables a la acidificación de los océanos que otros.
Necesitamos extender nuestra investigación a otras especies de coral para comprender el impacto de la acidificación en la calcificación de los corales.

Entrevista por Noëlie Pansiot (mayo del 2017).

 Y
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Alotau, Papúa Nueva Guinea


Habíamos dejado el apacible pueblo de Gizo en las Salomón, con algo de nostalgia. Al bordear las últimas islas del archipiélago de Salomón, la madre naturaleza nos regaló uno de esos momentos mágicos, de los cuales solo ella tiene el secreto: un banco de cinco delfines jugando frente a la proa de Tara, en medio de una puesta de sol de antología, bajo una magnífica nube cumuliforme.
Después de dos días de navegación sin vientos y con motores, sobre un mar liso, aplastado por un calor agobiante, la noche nos ofreció un cielo extraordinariamente estrellado, salpicado de millones de estrellas. En la madrugada, descubrimos un nuevo país montañoso y verde. El sol hace una tímida entrada, antes de establecerse generosamente.

Acabamos de llegar a Alotau, Papúa Nueva Guinea, un país de unos 7 millones de habitantes que ocupa  462,840 km² de la parte oriental de la segunda mayor isla del mundo (785 753 km²).
Alotau es una pequeña ciudad provincial de 15 mil habitantes, bien protegida en una ensenada de la costa norte de la profunda bahía de Milne Bay, escenario de la primera derrota japonesa en la guerra del Pacífico en 1942.
Mientras nos amarramos al muelle, se acercan unos curiosos atraídos por nuestra rara goleta.
– "¿Tara, es el nombre del barco? ¿De dónde vienen? "
  “De Francia”
– "¿Dónde queda?”
– "..."
Saldremos de Alotau el 1 de noviembre, rumbo a 3 sitios de muestreo, uno de los cuales está dedicado exclusivamente al estudio de la acidificación del agua y sus consecuencias sobre el coral. Aquí, las emanaciones del CO2 natural proveniente de los fondos marinos, modifican la química del océano, y ofrecen un laboratorio natural a los científicos, preocupados por el impacto del CO2 atmosférico sobre la biodiversidad marina. 

Vincent Hilaire.

04/04/2017

Calentamiento y tropicalización de las zonas templadas


Un grano de arena en el mecanismo, y toda la máquina se desajusta.
El cambio climático conlleva transformaciones en el conjunto de los ecosistemas. La tercera fase científica de nuestra misión en Japón se enfoca en uno de esos fenómenos: el desplazamiento, la migración de las especies, con la presencia de nuevos depredadores.

Por su posición geográfica, Japón conoce importantes variaciones de temperatura de norte a sur del archipiélago. Es lo que los científicos llaman el gradiente de temperatura. Los paisajes subacuáticos difieren según las latitudes. Al norte, las macro algas como las laminaria han sido tradicionalmente dominantes. Al sur, el archipiélago de Ryukyus, son los arrecifes coralinos que dominan. Pero el calentamiento climático modifica cada ecosistema.

Los corales no son los únicos en sufrir el aumento de las temperaturas. Las algas presentes en las aguas templadas son afectadas también. Y el número de depredadores crece gracias a las temperaturas favorables.

Desde hace 20 años, los científicos observan el desplazamiento de peces tropicales o subtropicales del sur hacia el norte, en correlación con el aumento de las temperaturas de los océanos. Ciertos peces ya no temen a las aguas demasiado frías y llegan ahora en zonas nunca antes colonizadas. “Cuando hace más calor, uno observa un fenómeno fisiológico en estos peces: se alimentan más. Más numerosos y más hambrientos, esos herbívoros controlan la cantidad de algas presentes en el ecosistema. Ante una presión creciente, las laminaria pierden terreno. En el futuro, estos peces son capaces de subir a latitudes todavía más altas y tal vez crear espacios para los corales, eliminando las algas. Pero debemos contar con el compañero diabólico del cambio climático: la acidificación de los océanos. Uno podría imaginar que el aumento de temperatura es favorable a la migración de corales en regiones más septentrionales de Japón, pero todos los parámetros no lo corroboran. Si el aumento de las temperaturas bien favorece el crecimiento de los corales, por el contrario, la acidificación del agua oblitera el desarrollo de su esqueleto. Esos dos parámetros antagónicos hacen que no podemos prever lo que nos depara el futuro”, explica Sylvain Angostini.

Este mes estudiaremos el fenómeno de tropicalización de los ecosistemas templados a lo largo de las costas japonesas y sobre todo en Kochi, que parece ser un ejemplo mundial: “La bahía en la cual vamos a bucear es sumamente interesante: de un lado de la bahía, el ecosistema original, dominado por las algas, está todavía presente. Del otro lado de la bahía, observamos una tropicalización radical y las laminaria han sido reemplazadas por corales. ¿Por qué? Es lo que trataremos de entender gracias los datos recolectados a bordo”

Noëlie Pansiot.
Ultimo dia en Yokunami © François Aurat / Fondation Tara Expéditions