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24/04/2017

Sayonara Nippon! ¡Adiós Japón!


Después de haber bordeado las costas de Japón durante dos meses, la goleta deja Chatan al sonido de las guitarras y los aplausos. Un primer mes dedicado a la educación y sensibilización, y otro dedicado a la ciencia. Sesenta días  para recibir unos  4,500 visitantes, y 30 días durante los cuales 16 personas han compartido trabajos científicos y vida a bordo.

Nuestra última mañana en la isla de Okinawa es típica de las escalas de Tara: densa y rítmica. A las 7:30 un primer grupo de tripulantes tiene cita con el servicio de migración para tramitar la salida del territorio. Un sello que oficializa el fin de una experiencia difícil de resumir. Mientras tanto, otros cierran sus maletas después de haber hurgado las entrañas de “la ballena” buscando algún objeto tragado por el animal: un cepillo de dientes olvidado, una camiseta secando en la bóveda de popa.

A las 9:00, Yuko Kitano, investigadora de la universidad de Miyazaki guía una última visita del barco con unos muy jóvenes escolares. Yuko se ha convertido en la mascota de Tara al filo de las últimas semanas. 30 años, delgada, grandes ojos expresivos, ella ha desplegado una energía desmedida a lo largo de esta misión. Apenas terminando de bucear, ya escribía en su cuaderno algunas palabras en francés, que memorizaba y repetía luego perfectamente.  Y el famoso “C’est bon!”, que clausura  cada cena preparada por nuestra hada cocinera, Marion Lauters.

A las 11:00 Sarah Romac, ingeniera, Natacha Roux, doctorante,  y Maggy Nugues, ecóloga,  inician la ronda de despedidas y de abrazos. Cumpliendo con su 4ta. misión a bordo de Tara Pacific, Sarah se felicita por este leg que le ha permitido aprender aún más sobre temas que ella no suele estudiar en la Estación Biológica de Roscoff. Para Maggy Nugues, del CRIOBE, este segundo embarque “ha sido sumamente rico del punto de vista científico. Tomé conciencia de todo lo que hemos hecho en algunas semanas a penas, al ver las fotografías subacuáticas del artista en residencia a bordo, Nicolas Floc’h. Durante 3 semanas y media, hemos vivido lejos de las preocupaciones diarias, hemos estado cercanos a la naturaleza, en contacto con los elementos. Esto induce la meditación. Todos nos sentimos tristes de partir”.

A las 14:00 hora oficial de la salida, Sylvain Agostini recibe la bandera de Japón firmada por todos los tripulantes. El coordinador científico de esta misión habrá sido un elemento central en la organización y el éxito de este leg, sin medir sus horas de trabajo. Antes de desembarcar, él suelta  una última frase: “Científicamente interesante y humanamente excepcional”.

Todo el equipo de la Fundación Tara Expéditions, en tierra como en el mar, agradece calurosamente a todos los equipos agnès b., los equipos de las universidades, la NHK, nuestro agente marítimo Yusuke Yoneyama y muchos otros más, por su estupendo trabajo, su apoyo y una acogida que ha permitido que Tara viviera 2 meses excepcionales en Japón al encuentro del público, de los científicos y de los media. Una nueva aventura per se y para cada quien, que repetiremos en mayo 2018.

Noëlie Pansiot

16/04/2017

Kikaijima, entre pasado y presente


Llegar por el mar permite aprehender un lugar de forma diferente y tomarse el tiempo para descubrirlo. Primero su relieve, luego sus colores y finalmente su geología. Desde lejos, la pequeña isla de Kikai nos revela sus diversas caras: cantiles calcáreos, una superficie llana, campos de caña de azúcar y un clima de zona tropical. Durante dos días, desde el anclaje, la tripulación ha tenido la oportunidad de observar a distancia, mientras los científicos procedían al muestreo del arrecife coralino.

En japonés, Kikaijima significa “la isla del placer”. Ubicada entre el este del mar de China y el Pacífico, entre zona templada y tropical, Kikaijima es atípica. Cada año, el altiplano coralino que forma esta pequeña isla se eleva un poco más: debajo de los pies de sus 7600 habitantes, está obrando la tectónica de placas.

Hace 100,000 años, Kikaijima era un arrecife coralino como los demás: una colonia de animales construyendo un oasis de biodiversidad debajo de la superficie. Luego, con el trabajo de las fuerzas telúricas a lo largo de miles de años, el arrecife llegó a la superficie: se erige en la actualidad a 214 m arriba del nivel del mar. Esta isla aislada del archipiélago de Aman llama la atención de los geólogos por su velocidad de elevación: 2mm por año, una de las velocidades más rápidas del mundo, junto a la isla de Barbados en el Caribe, o la península de Huon en Papua Nueva Guinea.

Hoy en día, vivir en Kikaijima dista mucho del frenesí de las grandes ciudades niponas. En estos 53 km2 de calcáreos, las preocupaciones diarias de los isleños rebasan la originalidad geológica de la isla. De Kikai emana un dulce arte de vivir. Un poco de pesca, un poco de agricultura, un solo supermercado, donde está desplegado un cartel anunciando la llegada de Tara. Y dominando el puerto de pesca, desde hace dos años, se erige el Coral Reef Institute, creado por Tsuyoshi Watanabe y Atsuko Yamazaki.

Tsuyoshi Watanabe, catedrático de la Universidad de Hokkaido es especialista en paleoclimatología y geología: “Después de dar la vuelta al mundo, nos hemos dado cuenta de que la gente aquí no sabía nada del coral. Por lo general, los científicos visitan un lugar, recolectan muestras y se las llevan a sus laboratorios. Hemos decidido establecer aquí este instituto para también compartir nuestros conocimientos. Actualmente, los niños de la isla conocen el coral y eso nos enorgullece. Este altiplano coralino ha conocido diferentes períodos climáticos. Estudiándole podemos retroceder en el tiempo para comprender mejor el ecosistema coralino pasado, su paleobiodiversidad. Eso podría darnos valiosas informaciones sobre el futuro de nuestro entorno. Kikaijima se ubica en una frontera entre pasado y presente. Es una isla única”.

Noëlie Pansiot

02/04/2017

Tsukiji, el mercado de mariscos más grande del mundo


La megalópolis tokiota hospeda el mercado de productos del mar más grande del mundo, en la zona de Tsukiji, desde 1935.
Cinco días por semana, los profesionales del sector transan, compran y venden miles de toneladas de peces y mariscos procedentes de todos los océanos. El atún rojo se vende a precio de oro en la subasta matutina donde pocos turistas están admitidos, sin cámaras.
Kazuki Miyaji visita el mercado de Tsukiji cada semana, por placer. Este apasionado de productos del mar nos guía en medio de los puestos de este lugar fascinante, un lugar que cuestiona la cantidad de peces extraídos a la escala del planeta.

Video:  Tsukiji

30/03/2017

Shikine, un laboratorio natural


Nuestro leg científico en Japón ha iniciado. Bordearemos la costa nipona hacia el sur, estudiando el estado de salud de los corales. Al sur de la bahía de Tokio, cada sitio estudiado reúne las características del Océano por venir. Los científicos estudian en paralelo los efectos sobre los ecosistemas marinos de los cambios de temperatura y del aumento de la acidez del agua.

Bajo la superficie, el concepto de “cambio climático” cobra todo su sentido, de forma extremadamente visible. Los dos parámetros que más impactan hoy en día la salud del coral son el calentamiento y la acidificación del océano.

Calentamiento y blanqueamiento
Recordemos lo que es el coral: un animal aparte, una especie de pequeña medusa al revés llamado pólipo que construye su esqueleto al exterior de su organismo. No logra alimentarse solo: necesita de la Zooxantela, una microalga, para conseguir su energía. Por medio de la fotosíntesis, -el proceso bioenergético que permite que plantas y algas sinteticen la materia orgánica usando la luz solar-, esta alga le surte los nutrientes necesarios. Esta colaboración entre alga y coral es la simbiosis.
Pero este matrimonio es frágil. Un alza de temperatura del océano de solo un grado puede causar la muerte de un arrecife en un plazo de días. Estresados por el calor, corales y algas se divorcian. Los corales pierden sus microalgas. Los científicos quieren estudiar más este proceso. Sin algas y nutrientes los corales no sobreviven. Es el proceso del blanqueamiento.

CO2 y acidificación
La acidificación es la otra amenaza mayor. El CO2 emitido por las actividades humanas acidifica los océanos e impacta en el crecimiento de los corales.
Sylvain Agostini, nuestro coordinador científico en este leg japonés, explica: “Solo existen algunos sitios como el de Shikine en Japón, en Italia o en Papua-Nueva Guinea. Shikine se ubica en una zona volcánica. El magma incandescente debajo de la costra terrestre emite CO2 en forma de burbujas que filtran de los fondos marinos. La zona es naturalmente acidificada. Generalmente, los científicos estudian la acidificación en acuario, y sobre unas cuantas especies. En Shikine, es todo el ecosistema que está bañado por esta agua acidificada desde hace generaciones”.

Buceando en las aguas frías de Shikine, haremos un salto en el tiempo. La acidificación del sitio elegido es tal que corresponde a los estimados previstos para el 2100. Esta zona constituye un verdadero laboratorio natural.

 Noëlie Pansiot


27/03/2017

Emotiva visita de un senior


“Me siento realmente muy feliz y muy honrado de ser acogido a bordo tan calurosamente, gracias al permiso del capitán. Tengo mucha suerte de estar aquí. He recibido el periódico de Tara que me ha enviado mi nieta Flora, y he leído todo. Ahora conozco su proyecto: es una gran misión para el planeta. Entiendo que debemos preservar nuestros océanos para las generaciones venideras. Es importante porque sin el plancton, no podremos respirar. Los corales también están en vía de desaparición, nada de eso está bien. Aprendí de esos temas gracias al proyecto Tara, gracias a Flora, gracias a su periódico. Ustedes hacen realmente un trabajo fantástico. Pero solo soy un anciano que habla...Aquí en Japón, cuando uno llega a una edad avanzada y llega a vivir una oportunidad excepcional como la de hoy, la de estar con ustedes, se dice: “me han hecho un regalo para una próxima vida”. Gracias a ustedes, me voy con unos hermosos recuerdos. Les agradezco de todo corazón por su acogida”.

Flora Vincent, bióloga marina, a bordo entre Wallis y Fukuoka, tiene una pluma elegante y sabe compartir su experiencia en forma de diario. A sus 27 años, ella termina su tesis sobre el plancton y pasa el relevo en la Asociación WAX Science que ella cofundó, dedicada a la promoción de las ciencias. Al llegar a Fukuoka, Flora confesaba sentirse un poco en casa: “Soy franco-japonesa. Hace 35 años mi madre dejo Japón para vivir en Francia. Una parte de mi familia vive aquí. Tal vez mi abuelo llegue a visitarnos”.

Algunos días después, Minoru Fujii emprendía un viaje de 3 horas desde Osaka para alcanzarnos en Onomichi. Con ayuda de Maki, la artista japonesa en residencia a bordo, quien hace también de intérprete, Flora, quien habla poco japonés, ha podido así dialogar con su abuelo, Minoru San, 91 años.
Después de efectuar una visita completa del barco y haber probado una chaqueta de navegación y la litera de su nieta para juzgar su comodidad, Minoru San se instaló en la sala y se dirigió a la tripulación con esas emotivas palabras.

Antes de que Tara suelte las amarras para hacer ruta hacia Kobe, Minoru San ha desembarcado con un segundo regalo, depositado por Maki en la palma de la mano. 

Noëlie Pansiot

21/03/2017

Los corales de Tokio


Diplastrea speciosa y Acropora pruinosa, corales de la bahía de Tokio © Tomohiko Higuchi

Las costas japonesas ofrecen nuevas perspectivas para los científicos de Tara. Los corales de superficie más septentrionales del planeta están aquí en Japón. Ubicados muy al Norte en relación a los arrecifes del Pacífico, los corales de Japón llaman particularmente la atención de los científicos.

La posición geográfica del archipiélago es peculiar, al estirarse a lo largo de 33000 km de la latitud de Quebec  a la de Cuba. Las variaciones climáticas impactan sobre la temperatura del agua y los ecosistemas. Frente a Tokio, donde el clima es templado, las laminarias, esas algas macro en forma de cintas anchas y largas, pueblan la mayor parte del paisaje subacuático. Más al sur, frente a Okinawa, los arrecifes coralinos encuentran condiciones óptimas a su desarrollo. Sería tentador concluir que el coral es un animal que solo prospera en aguas calientes, pero no es del todo cierto.

Poca gente lo sabe, pero la bahía de Tokio hospeda lo que los científicos llaman unas comunidades coralinas marginales. Sylvain Agostini, el coordinador científico del leg Japón de Tara Pacific explica: “El arrecife coralino es una estructura geomorfológica, un relieve, al igual que una montaña. Está compuesto por corales y algas calcáreas que conforman un ecosistema. Pero la presencia de corales no se limita siempre al arrecife. A veces, uno encuentra corales en zonas llamadas marginales, como la bahía de Tokio donde el agua es más fría. Los corales logran, entonces, vivir en ambientes más hostiles, más fríos.  Pero son menos numerosos y no logran desarrollarse tan rápidamente como para formar un verdadero arrecife coralino, un relieve”.

Un arrecife coralino precisa de dos condiciones básicas: una temperatura mínima 18°C  y unos  parámetros  químicos necesarios a la formación del esqueleto calizo. El desarrollo del esqueleto del coral depende de una taza de saturación de aragonito (o aragonita), una de las formas cristalinas del carbonato de calcio (CaCO3).

¿Cómo los corales marginales de la bahía de Tokio han podido recorrer tan grandes distancias hacia latitudes altas? El responsable de este desplazamiento se llama el Kuroshio, una corriente marina que acarrea aguas calientes del sur hacia el norte. Menos conocido que el Gulf Stream, el Kuroshio opera discretamente a lo largo de la costa pacífica japonesa. Trae aguas calientes desde las Filipinas y del Mar de China hasta el centro del Pacífico. A manera de una cinta rodante subacuática, el Kuroshio conecta zonas tropicales con zonas septentrionales.

En 15 días, Tara emprenderá su segundo leg científico. Por el momento, la goleta sigue con su misión de información y sensibilización: esperamos unos 1,500 visitantes a bordo en el transcurso de las escalas por venir. Mientras, Samuel Audrain, el capitán, afina los detalles logísticos de la misión. Nicolas Bin, segundo oficial, selecciona los mapas de navegación para trazar la ruta de una estación  de muestreo a otra. Toda la tripulación se alista para esta segunda etapa de Tara Pacific.

Noëlie Pansiot