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| © François Aurat / Fondation Tara Expéditions |
30/09/2016
Primera escala en Polinesia
06/07/2011
¡De vuelta al pueblo!

Francesca Benzoni en Rikitea. S.d'Orgeval/Tara Expéditions.
Estamos de vuelta al muelle de Rikitea: un día de pausa para los científicos. El ritmo de trabajo de dos inmersiones al día es agotador. "Cuando empiezo a no tener ganas de hacerlo, entonces debo parar". Francesca sabe que en buceo uno debe estar atento a las señales que da el organismo: nada de objetivos tercos, la salud y la seguridad de las personas son prioridades. El equipo aprovecha la pausa para organizar los primeros resultados y preparar la reunión con la población, programada para esta noche.
A las 9 a.m, la sala del polideportivo está abarrotada de gente para la misa. Ya no hay cura en las Gambier y son diáconos quienes ofician cada domingo, en el idioma de Mangareva. Después de la comunión, uno de ellos toma el micrófono e informa: "A las 17h hoy, aquí mismo, el equipo de Tara Oceans presentará su trabajo y hablará sobre la salud de nuestra laguna, es importante, afecta a nuestro entorno y afecta a todos". Religión y ciencia se juntan a veces de modo convivíal. Con este anuncio, esperamos poder reunir numerosos fieles de la expedición científica.
A la hora señalada, el público está presente, aunque menos numeroso que en la mañana. Hervé abre la ceremonia y cada científico describe luego su papel y sus observaciones en la laguna.
"Hemos encontrado corales en un estado de salud muy variable, dependiendo del lugar; Un arrecife muy saludable en el sur, pero por lo contrario, del lado de Taravai, un coral que ha sufrido bastante hace 10-15 años y que está volviendo a crecer", explica Francesca, "por lo que tenemos ahora nuestras preguntas para usted: ¿Hubo algo, unos eventos específicos en esta área, 10 o 15 años atrás?". Pocas respuestas... Pero en las islas, los habitantes nos han compartido sus observaciones empíricas que vienen corroborando las observaciones metódicas que hemos podido realizar. Y a su vez, el estudio subacuático de la vida del coral alimentará la memoria colectiva de los habitantes de la laguna. Se mencionan de nuevo la ciguatera, preocupación recurrente, y las consecuencias de los ensayos nucleares. Convenimos de una nueva cita para una presentación final, la semana próxima.
Ya resuenan los tambores cerca de la catedral en el otro extremo de la isla."¡Vamos a bailar!" lanza Vincent. La tripulación de Tara ya hizo suyos los ritmos locales. Cada noche el grupo de baile dirigido por Dany repite para las fiestas de julio. Atendemos sus entrenamientos, fascinados por el movimiento de caderas que son parte del mito de la Polinesia. Cosquillas en las piernas, tenemos ganas de unirnos a los bailarines, pero nos retiene el temor a interferir, perturbar: el ambiente se siente estudioso, la repetición intensiva, la presión aumentando; Los dos grupos de la isla competirán a mediados de julio en una coreografía escenificando las leyendas de Mangareva.
A partir del 8 de julio comienza el "Te pupuraga kai," la ofrenda de frutas, en la cual los grupos de danza van de casa en casa a bailar, ofrecer frutas y recaudar dinero. Siguen las pruebas tradicionales: carrera de portadores de frutas, pelar y rallar el coco, la pesca, la canoa, etc. En caso de que la cosecha de corales, el despliegue de la CTD-roseta, o la inmersión de redes de plancton fueran pruebas aceptadas, tendríamos nuestra oportunidad de competir también; Pero nos limitaremos a ser espectadores.
Regresamos entonces quietos al barco, anticipando que el buceo porvenir podría ser mas movido que la semana pasada. Debemos evitar el desgaste. El clima se viene deteriorando en estos últimos días. La selección de los sitios de buceo, diseñada para cubrir la diversidad de la laguna, depende también de las condiciones del cielo. Es imperativo encontrar un fondeadero protegido para Tara, e ir en lugares protegidos de las olas para evitar el efecto de "lavadora" que tan mal le sabe a Eric en sus inmersiones.
Tenemos la intención de ir ahora hacia el norte, la última gran zona inexplorada por los buzos y no sondeada. Tara deberá progresar con sumo cuidado ya que los arrecifes de poca profundidad surgen a veces de forma sorpresiva. Ubicar los mejores anclajes: la asesoría de un pescador veterano nos ayudara sin duda a esquivar las trampas.
Sibylle d'Orgeval
22/06/2011
“Bienvenida a Gambier”

Bahía de Mangareva y pueblo de Rikitéa. S.d'Orgeval/Tara Expedition
"Finalmente, he aquí tierras que no son líneas. En la mañana gris, el Monte Duff se yergue penosamente con sus 400 metros. Pero el inmenso circo dibujado por las islas alrededor es más llamativo. ¿Sera un atolón del futuro? (...) Grandes charcos de color verde pálido, una indicación de fondos arenosos, y paquetes de color marrón rojizo, el coral, que destacan, numerosos. Uno pasa por encima o al lado. Nos detenemos en el paso, a los pies del Monte Duff." Victor Segalen, 1903.
La mañana de nuestra aproximación a las islas Gambier no es gris, más bien arco-iris, al punto del amanecer después de una noche estrellada, bajo una luna redonda. El Monte Mokoto, de crestas depuradas, aparece, seguido por Duff, brusco y orgulloso. No parece estar luchando para erguirse tal como Segalen lo describe. Tal vez lo que más impresiona sea la sorpresa de la verticalidad después de tantas llanuras marinas. Y que de pronto el horizonte sea habitado por formas. Y el color verde-denso de estas caras escarpadas, impactante después de un mes de intenso color azul.
Sale el sol y la luz se blanquea mientras estamos progresando en el canal Oeste. A babor, la isla principal, Mangareva. A estribor Taravai.
Tan pronto anclamos todos están ansiosos por desembarcar; Hormigueo en las piernas a la vista de una extensión de tierra superior a los 30 metros, 36 exactamente en lo que a cubierta de Tara se refiere. Rikitea parece un pequeño pueblo: ¿donde entonces viven los 1300 residentes de las Gambier? Al desembarcar en el pontón tenemos dos opciones: a la izquierda hacia la catedral, o a la derecha hacia el otro extremo de la isla. Coloridos techos de lata bordean la calle principal que corre a lo largo de la orilla, y de pronto la isla se eleva hacia las cumbres solamente pobladas de arboles. Una multitud de esencias se despliegan en esos 400 metros.
Rápidamente una parte de la tripulación esta cooptada por el equipo de fútbol de los niños del pueblo. Al pisar tierra, los "Hola" y un saludo con la mano recalcan cualquier encuentro con los lugareños, todos se conocen y se saludan. Los recién llegados tienen además derecho a un tradicional "¡Bienvenida a Gambier!”
"¡Tomen toronjas! ¡Tomen todo! “Nico cultiva un huerto en el camino al lado derecho del pontón. Pocas frutas en esta temporada pero las toronjas se ofrecen a la pizca. Nos volvemos a topar unos con otros: es imposible no cruzarse varias veces, cada quien cargado de toronjas, limones y coco. Las frutas no se venden: ¡se ofrecen o se recogen!
La acogida por los habitantes de Mangareva está a la altura del aislamiento y del encanto de la isla. Nuestra primera visión dista mucho de la impresión del primer europeo en poner pie en esta tierra en 1825:
".. El 29 de diciembre al mediodía, llegamos al grupo de Gambier. Varias de estas islas tenían una apariencia de mayor fertilidad, principalmente la más grande sobre la cual se encuentra el pico que habíamos visto el día anterior, y que el señor Wilson (el primer europeo en "descubrir" y nombrar las Gambier), llamó Mont Duff (...). La primera isla que abordamos tenía al Este una bahía donde el barco podía entrar seguro con casi todos los vientos.
Al llegar a la bahía vimos los indígenas agitando trozos de tela blanca, y escuchamos sus gritos. Tenían casi todos unos palos largos afilados o armados con un hueso. Algunos llevaban trenzas en la cabeza y hojas del plátano cortado en tiras alrededor de la cintura." Frederick W. Beechey, 1825.
Dentro de unos días otra tripulación embarcará en Tara. Nuevo capitán, nuevos marineros, y el equipo de científicos especialistas del coral. Tara estará fondeado frente a Rikitea hasta el 25 de junio, antes de explorar los arrecifes de todo el grupo de islas por casi 15 días. Lego zarpará rumbo a las islas Marquesas, para una llegada a Tahití estimada a mediados de agosto. El verano de Tara transcurrirá en la suavidad del invierno de Polinesia.
Sibylle d'Orgeval
