08/11/2013

Anclaje a Tadoussac


Tadoussac, Canadá. V.Hilaire / Tara Expédition
Esta mañana, después de una noche muy a resguardo en esta ensenada protegida, la salida del sol nos revela una encantadora localidad, conocida de los observadores de ballenas. Llegar aquí ha sido otra batalla contra un viento de cuarenta nudos. Pero al final de un canal de unos ocho kilómetros bajo un cielo multicolor, descubrimos este pueblo de 850 habitantes. Viernes por la mañana, bañado en un sol de otoño, Tadoussac nos revela sus encantos, empezando por su capilla de madera construida en 1747.

Tadoussac es un hito en la historia de la colonización de la otrora Nueva Francia. Jacques Cartier, oriundo de St Malo, descubre este lugar cuya belleza lo conmueve. En 1535, Tadoussac es el primer asentamiento francés en América del Norte, un puesto de comercio de pieles destinadas a Francia.

Desde la paz de esta cala, divisamos en el cielo los halos luminosos de las ciudades modernas asentadas en la otra orilla del Saint Laurent. Otro mundo.

Vincent Hilaire

06/11/2013

Las puertas del Saint Laurent


Ultimas millas con vela, Saint Laurent. V.Hilaire/Tara Expéditions
Progresamos hacia la entrada del río Saint Laurent. Las condiciones son buenas, los vientos del Norte y del Oeste no pasan de 27 nudos, el sol sigue dominando las nubes. Quebec queda a unas 400 millas. 
 
Después de una buena progresión de 24 horas con un sostenido viento norteño, al girar al Oeste y venir en contra, el viento nos obliga ahora a solicitar los dos motores. Navegamos parajes ya surcados antaño por Jacques Cartier y Samuel de Champlan, lo que nos invita a visitar la historia del rio y de la fundación de la ciudad de Quebec. Al doblar la isla Anticosti, entraremos verdaderamente en el rio Saint Laurent. Su entrada es uno de los sistemas de mareas más activos del mundo, con diferencias de más de seis metros, fuertes corrientes multidireccionales y numerosos altos-fondos. Además, en invierno, el hielo se invita al cóctel.

Por lo tanto, esta navegación no es un simple paseo costeño. Este sábado un piloto subirá a bordo, un apoyo obligatorio para alcanzar Quebec.

Vincent Hilaire

05/11/2013

"Orgulloso de que Tara siga existiendo diez años después de su inicio"

Etienne Bourgois, by Benjamin Flao,©Tara Expéditions
Etienne Bourgois :"Estoy orgulloso de que Tara siga existiendo diez años después de su inicio"

En este décimo aniversario de Tara, el Presidente de Tara Expéditions contesta preguntas sobre los 10 años pasados, las acciones emprendidas, y su visión de lo que viene.

¡Estos diez años han pasado tan rápido! Pero el proyecto Tara ha superado con creces las metas que me propuse en el 2003. Lo hace que la fuerza del proyecto Tara, son las mujeres y los hombres de todas generaciones, todas culturas, todas especialidades, quienes actúan cada día para hacer progresar el conocimiento fundamental, y mejor prever los cambios de nuestro océano y nuestro planeta. Cada uno aporta su piedra al edificio. Cuando la sociedad civil se moviliza, es capaz de sobrellevar desafíos descomunales.

Otra clave para mí, es que Tara no ha parado de trabajar, de viajar por el mundo, de explorar el océano, al servicio de la ciencia y del medio ambiente.

Mi sorpresa ha sido de descubrir el mundo fascinante del plancton. Gracias a Tara, el público general conoce algo más acerca de estos microorganismos que desempeñan un papel esencial en la cadena alimentaria y la maquina climática global.

Mi momento más bello con Tara ha sido el de vivir el primer capítulo de la deriva ártica de la goleta  en septiembre de 2006. Después de varios días mar afuera de Rusia, instalamos Tara en el hielo. ¡Un momento realmente fuerte!

Me siento orgulloso de que Tara siga existiendo, diez años después de su inicio. Aunque estemos apoyando este proyecto con Agnès, es un proyecto económicamente pesado. Tara esta trillando pastos no trillados antes, no es tan fácil encontrar socios.
Aprovecho esta oportunidad para agradecer formal y calurosamente Agnès, (agnès b.), y todos los colaboradores que nos han acompañado. También quiero dar las gracias a los marineros, los científicos, el equipo en tierra alrededor de Romain Troublé; Con recursos modestos para tal proyecto, ellos realmente hacen que las cosas sucedan.

Lamento no haber podido embarcar más a menudo en Tara para participar en las expediciones. Y de no haber llevado más a mis hijos en particular y otros niños en general. Hemos recibido muchos niños a bordo en escalas, pero muy poco en misión.

En nuestros países desarrollados, más sabemos de ecología y de medio ambiente, menos actuamos. Es precisamente ahora, "a pesar de" la crisis económica, que todo el mundo debería movilizarse. La crisis ambiental nos va a afectar con toda fuerza en las próximas décadas, con graves consecuencias, sobre todo para el Sur.

Sueño con una verdadera política medioambiental a nivel europeo. Estoy a la expectativa de algo más de Europa en la materia. En cuanto a Francia, el medio ambiente se reduce a cuestiones de política de corto plazo, mientras deberíamos crear la unidad nacional en torno a temas tan importantes como el medio ambiente, la energía, la educación…

¿Cómo ve Tara en 10 años?
En primer lugar, espero que el barco en sí vaya estar bien. Es un barco robusto pero no lo estamos mimando. También espero que las ideas de Tara se tomen en cuenta en muchos países, especialmente en los países en vía de desarrollo. Deseo que nuestra organización crezca, que el tesoro científico de Tara de frutos. Y por último, espero que actuemos de modo más significativo para una mejor gestión, una gestión más sostenible de los océanos.

Y en el corto plazo?
Como dije, Tara ha estado trabajando durante 10 años, con dos misiones principales que duraron casi ocho años en total. Ha llegado el momento de la devolución. Cuando Tara está en puerto, es una gran herramienta para la sensibilización, la inspiración y la persuasión.

04/11/2013

En camino


Anclaje frente a Sainte Barbe, Canadá.V. Hilaire/Tara Expéditions
El sonido de los winch me saca de mi lectura. Sumergido en mi libro, me pregunto todavía a ratos cómo ha sido posible que hayamos perdido agarre y derivado este fin de semana. Acabamos de subir ancla y cadena embarrados de un fango negro pegajoso. Estamos dejando nuestro fondeadero de Sainte Barbe.
  
Con velas, sin motor, el sonido del agua fluye a lo largo del casco. Los movimientos de la goleta son suaves. Martin acertó al esperar esta mañana que el viento amaine, gire, y que el mar se calme. Una buena brisa del Norte nos empuja. El tiempo es espléndido, el sol, el viento por el través, la estela se estira en largos arabescos blancos.

Todo el mundo está feliz de volver a la navegación rumbo a Quebec. La impaciencia se hacía palpable mientras se subía el ancla. Ahora, es pura felicidad, marchamos sin esfuerzo a  9 nudos. Este barco es de una versatilidad increíble, un día oceanógrafo, y el otro, fino velero en un viento de 20 nudos.

Como es habitual en Tara, la calma interior permite trabajar en la computadora, leer o soñar. Me estoy metiendo en el libro de Bernard Buigues, en su aventura con los mamuts siberianos. Yo sabía de sus habilidades diplomáticas, no conocía su talento como escritor.
El sol baña la sala-comedor, está haciendo un calor tropical. Tara es un barco polar. Sin calefacción, con esta burbuja de plexiglás, adentro hay 20°C más que afuera.

El día promete ser tranquilo, arrullado por el mar que se está formando. Más de 600 millas nos separan de Quebec pero tenemos una semana para llegar.

Jean Collet

02/11/2013

Sainte Barbe, isla de Terranova



Terranova. V.Hilaire/Tara Expéditions
Llevamos cuarenta y ocho horas al ancla frente a Sainte Barbe, una tranquila aldea de la isla de Terranova. Un refugio providencial para Tara en vista de la tormenta que sopla en estos momentos en el Golfo del Saint Laurent. Con ráfagas de viento del Oeste a cincuenta nudos, Terranova se mantiene fiel a su reputación.

¿Cómo diablos lo lograron los vikingos, Jacques Cartier, esos grandes descubridores de los parajes del río Saint Laurent? No tenían mapas, ya que son ellos quienes los hicieron. Navegaban sin motor, no había perdón a los errores. Sus velas sólo servían realmente con viento a favor, pero con las tormentas del Oeste que nacen aquí, ellos recibían un viento en contra. Además de un sentido marino muy desarrollado, garante de su supervivencia, debían reaccionar y maniobrar en cualquier momento, sin pronóstico del tiempo. De no ser así, era la catástrofe a orillas de los bosques.

Al anochecer de ayer, hemos vivido una experiencia de este tipo.
La tormenta viene arreciando en nuestra cala. Los marineros y el capitán, Martin Hertau, están al acecho, siguiendo la llegada gradual de una depresión del Oeste. Hemos perdido 31 milibares en 24 horas, el cielo se va poner bravo.

De repente, a las once de  la noche, el ancla pierde agarre y se resbala. Tara comienza a deslizarse  con rapidez hacia la costa más cercana al Sur. Es allí cuando solo la extrema reactividad de los marineros nos evita encallar. Martin solicita los motores para mantener el barco en el viento que sube en potencia, Dan (Daniel Cron) vuelve a conectar el molinete eléctrico cuyos fusibles cortan a cada rato por la tensión en el ancla. Al final, Dan gana su pelea con el circuito eléctrico y el molinete logra subir el ancla. En marcha reversa, tras larguísimos minutos, Martin logra regresar Tara en aguas más apacibles, para fondear de nuevo. La batalla para no terminar la expedición varados en unas rocas se torna felizmente a nuestro favor.

Después de una noche de aguda vigilancia de los marineros, temiendo que Eolo lance una nueva ofensiva, el anemómetro sigue indicando rachas de hasta 50 nudos. Todo el mundo está atento, motores encendidos por si acaso. Saldremos mañana por la mañana de Sainte Barbe y Terranova para entrar en el Golfo del rio Saint Laurent.

Vincent Hilaire

01/11/2013

Estrecho de Belle Isle


Julius Lukes, biólogo. V.Hilaire/Tara Expéditions

Desde el jueves, progresamos con motor a lo largo de las costas canadienses. Tras el episodio de viento en los últimos días, los catorce a bordo aprecian la relativa calma de estas aguas protegidas por la isla de Terranova. Sera una pausa breve ya que se pronostica un nuevo vendaval. Tara se quedara  entonces anclado a resguardo unas cuarenta y ocho horas.
 
Después de una esplendida puesta del sol sobre Belle-Isle, la primera tierra avistada después del Mar de Labrador, embocamos el estrecho de noche. A eso de medianoche la nieve caía en borrascas, y el amanecer nos ha traído el baroco encanto de una cubierta congelada, llena de un espeso polvo blanco. El espectáculo y los gestos nos traen los recuerdos de la deriva ártica de Tara, las tareas colectivas de remoción de nieve, pisando la banquisa alrededor del casco tras días de tormenta.

Julius Lukes, nuestro simpático biólogo checo, pala en mano, se esmera en liberar los winchs de proa de su manto de nieve. Mi comparación con dos esqueletos protestando contra su labor le provoca una franca risa, manifestación tal vez del niño interior de cada uno que la nieve suele despertar.

Nos estamos percatando de la cercanía de una autopista marítima. El tráfico está aumentando a nuestro alrededor y, pronto, deberemos respetar las reglas de los rieles de navegación que rigen en el Saint-Laurent de aquí a Quebec.

Mientras, los científicos están empezando a guardar los dispositivos de inmersión, después de 156 inmersiones de la roseta, 55 estaciones de muestreo, y miles de nuevas muestras que permitirán caracterizar los ecosistemas del Ártico.

Vincent Hilaire