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02/11/2016

El pulso de los atolones


Akiaki (laguna rellenada) ; Haraiki (laguna abierta) ; Vahitahi (laguna cerrada)
Luego de 10 días de haber salido de Papeete, el equipo de la misión BioAtoll ha embarcado en Tara para completar y diversificar las muestras recolectadas en el transcurso de Tara Pacific. Entrevista con Valeriano Parravicini, del CRIOBE / EPHE-CNRS-UPVD, quien dirige esta misión de dos semanas alrededor de la islas Tuamotu.

¿Cuáles son los objetivos de BioAtoll?
El objetivo es de muestrear 7 atolones con morfologías diferentes. Estudiaremos 3 atolones rellenados, –solamente hay 4 en Polinesia –, en los cuales no hay lagunas;  Luego, 2 atolones con una laguna cerrada, donde no hay paso de comunicación entre laguna y océano; Y, finalmente, estudiaremos 2 atolones abiertos donde existe comunicación entre laguna y arrecife.
La forma típica de los atolones es una laguna comunicada con el océano por un paso. La pregunta es si existe un vínculo entre la existencia de laguna y la productividad de las pendientes exteriores del arrecife. La laguna es el espacio más calmo y más accesible y, por ende, el más impactado por el hombre. Numerosas especies de peces aprovechan la laguna para desarrollarse. Los peces entran en la laguna en su etapa larvaria y salen después de haber crecido. Adentro se encuentra una  gran cantidad de nutrientes, a diferencia de lo que ocurre en el medio oceánico exterior. La laguna sufre del impacto de la actividad humana.  Nos interrogamos sobre el efecto en las pendientes exteriores.

¿Está la laguna más amenazada hoy que hace unos años?
Sí. En la literatura científica, se evidencian dos aspectos: el primero, es que ya no existe en el planeta lugar alguno que no esté impactado por la actividad humana; El segundo, es que los sitios ligeramente impactados en la actualidad están en proceso de se degradación.
Hay peligro que nos olvidemos de lo que es una laguna en buena salud y nos acostumbremos a los deterioros. Se evidencian los efectos climáticos. Hemos podido observar corales muertos y blanqueados en el transcurso de nuestras primeras sumersiones. El fenómeno cíclico y climático El Niño desempeña un papel importante en esas degradaciones, debido al alza de temperatura que él genera, pero pienso que el factor humano es ahora el principal responsable.

El lado positivo es que si bien el efecto del cambio climático solo se puede mitigar a la escala global del planeta, en cambio, el impacto humano sí puede ser controlado a escala local.

¿Cuál es el equipo para esta misión?
Las herramientas que usamos son clásicas. Hemos elegido dos ejes diferentes para este estudio, que son los corales y los peces. Nuestro equipo está compuesto de 6 personas, yo incluido. Tenemos 4 contadores de peces y a Arjon Chennu, quien embarcó con el HyperDiver, una máquina capaz de recopilar información sobre la biodiversidad de forma automática. Yo he trabajado anteriormente con Serge Planes, CRIOBE – EPHE / CNRS / UPVD, el director científico de la expedición. Michael Berumen y Geoffrey Jones  nos han alcanzado desde Arabia Saudita y Australia, porque suelen trabajar en Polinesia. Resulta clave tener contadores que acostumbran a trabajar juntos y conocen los peces de Polinesia. Eso evita confusiones entre especies que a veces se parecen.

¿Cuáles son las peculiaridades de las sumersiones en las Tuamotu?
La dificultad que uno encuentra en el conteo de los peces y el análisis de las comunidades bénticas, las que viven en el fondo de los mares, es el efecto del oleaje. Colocamos en el fondo una cuerda de 50 metros que nos sirve de guía para nuestros conteos. Con oleajes fuertes, nos es difícil seguir este hilo conductor. Para que tengan idea, sepan que después de haber explorado los 3 primeros atolones de esta misión, cada contador entró más de mil elementos en nuestra base de datos. Primero, analizaremos estas entradas durante las dos semanas  después de nuestro regreso a tierra. Pero habrá de esperar unos 6 meses para producir los primeros resultados estadísticos.

Es primera vez que embarcas en Tara ¿Cuál es el cambio para tu investigación?
Es la primera vez que trabajo en un velero. Los barcos científicos que acostumbro presentan características diferentes. Pero para este tipo de muestreo, resulta cómodo trabajar con Tara porque podemos cubrir escalas que no serian posibles con otros barcos.

Entrevista realizada por Pierre de Parscau

 


18/10/2016

De corales a Corallinales



Al margen del protocolo de muestreo de corales, repetido alrededor de unas cuarenta islas, la expedición Tara Pacífic es también una oportunidad de adentrarse puntualmente en temas afines. La goleta recorre actualmente las Tuamotu y aprovecha esta biodiversidad peculiar para estudiar unos  organismos vitales para la vida de los arrecifes: las algas coralinas (Corallinales).

Después de una densa escala en Tahití, los científicos prosiguen con las recolectas y las sumersiones, ordenando luego las muestras en las mesas de trabajo ubicadas en popa. Mirándolas  más de cerca, ciertas muestras no parecen realmente de coral, sino de pequeñas rocas envueltas en una película caliza rosada.

Estas son las algas coralinas, una vegetación de importancia vital en la construcción del arrecife. "Estas algas forman un esqueleto calcáreo que actúa como un cemento, permitiendo soldar todos los elementos del arrecife entre ellos", explica Laetitia Hédouin (CNRS / CRIOBE), quien co-dirige la misión en Tuamotu, junto a Maggy Nugues (EPHE / CRIOBE). "Sin embargo, la importancia de las algas coralinas va más allá: algunas especies atraen las larvas de coral, favoreciendo su reclutamiento”.

El coral no se limita a una colonia de pólipos inmóviles en su ganga de piedra; En las primeras etapas de su vida, el coral es una simple larva flotando a la deriva en las corrientes. Cuando encuentra un sustrato, esta larva se “establece”.  Se llama entonces "recluta". Luego se divide, para formar un coral juvenil, el inicio de la futura gran colonia. Según estudios recientes, las larvas de coral no se establecerían en cualquier parte del sustrato, sino que irían eligiendo ciertas algas coralinas.

"Uno de los objetivos será estudiar estas asociaciones específicas entre las algas coralinas y el coral: esta es la primera vez que un estudio de este tipo se lleva a cabo ‘in situ’ en la Polinesia", precisa Maggy Nugues. "La idea es de estudiar el microbioma de las coralinas, el conjunto de los microorganismos asociados, y así entender por cuales mecanismos esas algas inducen la fijación, el establecimiento, de las larvas de coral".  Entender estos mecanismos permitiría un inmenso avance en materia de restauración de los arrecifes coralinos.

Para explorar estas áreas de investigación aún desconocidas, el equipo científico a bordo de Tara organiza tres sumersiones en cada isla de las Tuamotu, repitiendo el mismo protocolo. Dos buzos evalúan la abundancia y la diversidad de las algas coralinas, identificando las especies presentes en un segmento de 10 metros de longitud. Otros dos investigadores se encargan de recolectar todos los corales juveniles en un área predefinida de 50 cm por 50 cm.

"Recolectamos todas las colonias menores de 2 cm", indica Laetitia Hédouin. "Para los reclutas que miden solo unos milímetros, utilizamos una lámpara fluorescente que nos permite identificarles con mayor facilidad." De regreso en cubierta, cada muestra es pacientemente estudiada para determinar tanto el tipo de coral como la especie de alga coralina, y si el primero se ha fijado sobre la segunda, o cerca. Algunas muestras serán enviadas a tierra para su análisis, especialmente genético, identificando  las sustancias químicas y biológicas que secretan. Lo que, tal vez, permita descifrar los vínculos secretos entre corales y algas coralinas.

Yann Chavance