18/10/2018

Transatlántica

Después de tres días sin viento, izamos las velas a la latitud de Saint-Pierre-et-Miquelon. Un saludo al faro de Cape-Race, la última referencia terrestre visible, antes de la transatlántica. Salvo algunos barcos de pesca, Tara navega casi solitaria rumbo al este. Esta ruta de regreso por el Atlántico Norte es poco practicada por los veleros en esta temporada. Las áreas de baja presión atmosférica, las depresiones, generan vientos a veces violentos que recorren grandes distancias. Se levanta un oleaje en un mar que va de agitado a muy agitado.

 Video: Transatlántica    © Céline Bellanger – Martin Hertau / Fondation Tara Expéditions

Esta "ruta de depresiones” permite a Tara navegar hacia Europa a una velocidad promedio de 10 nudos. Durante tres días, con vientos de Fuerza 9, ráfagas de hasta 57 nudos, y olas de seis metros.
Estas condiciones, aunque habituales en la temporada, inducen los marineros a estar atentos a cada evolución meteorológica, para evitar los sectores de vientos demasiado fuertes y el mar formado. La tripulación debe ser más cautelosa en sus movimientos, asegurarse de que todo esté amarrado; los científicos dejan de muestrear. Turnos de noche, tareas de mantenimiento... El tiempo parece más difuso, cada uno adapta su ritmo a lo que impone el Atlántico.

Alrededor de Tara, el océano ofrece un espectáculo poderoso, difícil de fotografiar por los movimientos. Las gaviotas y los frailecillos parecen bailar en las olas encrespadas, que se hinchan y echan a correr sin parar. En la distancia, el horizonte, la promesa de la próxima escala en Irlanda, y el regreso a Lorient, el 27 de octubre.

Céline Bellanger