24/06/2018

Los desafíos de una navegación científica

Cuarto día en alta mar. Después del desayuno, Yohann Mucherie, nuestro magnánimo capitán, nos regala algunas horas de placer: navegar solo con velas. Casi con viento en contra, Tara progresa lentamente. "No avanzamos y no estamos en el rumbo correcto, pero compensaremos eso más tarde", decide el capitán.

De tareas domésticas, Justine "Juju" Jacquin, estudiante de doctorado en biodegradación de los plásticos, afectada por un mareo persistente, aprovecha la oportunidad para pasar la aspiradora por la sala común y el pasillo. Dopada por esta navegación natural, ella incluso se habría puesto a lavar la ropa si la lavadora, la secadora y el tendedero no estuvieran tan cerca de los motores y de los gatos hidráulicos del piloto automático.

Nuestro colectivo de trece almas se esfuerza por observar una higiene aceptable, si no rigurosa. Pero Tara no es lo que se llama un barco "limpio". Sus flancos de aluminio contienen 40,000 litros de diésel para alimentar los motores, sin los cuales esta etapa de Honolulu a Portland, dominada por vientos en contra, duraría seis semanas en lugar de las tres planeadas.

"Debemos aceptar un compromiso", argumenta Daniel Cron, el segundo. “Los instrumentos de los investigadores requieren un generador. Los científicos tienen obligaciones de presencia en sus laboratorios en tierra. Debemos respetar un calendario, así como organizar las rotaciones de tripulación. Sería imposible navegando solo a vela. También debemos ser capaces de mitigar un posible problema técnico".

Tara se esfuerza por ser una buena estudiante en otras áreas. Producida por desalinizador a partir de agua de mar, renovada a 250 litros por hora, nuestra reserva de 6,000 litros de agua dulce alimenta las dos duchas, el fregadero en la cocina, y los chorros utilizados por científicos para enjuagar sus redes de muestreo en popa.

Tratamos de no usar más de 500 litros en total por día. Para la higiene personal, la cocina, la lavandería y la limpieza general, usamos productos 100% biodegradables. El único protector solar tolerado a bordo se ha desarrollado en asociación con una marca comercial, según una fórmula que no tiene impacto alguno en la vida acuática.

Para limitar el empaquetado y los desechos a bordo, la chef, Sophie Bin, administra un inventario de productos frescos o secos embarcados en Honolulu. Eso no impide que esta alsaciana de 33 años, veterana de las expediciones en montaña y mar en Escandinavia, entrenada a navegar en el Rin entre Francia y Alemania, se esmere en gastronomía. Desde latas de harina, azúcar, nueces, quinua, sémola, muesli, frutas y verduras, ella elabora ensaladas, pasteles y otras preparaciones caseras. Se muestra intransigente en la separación de desechos, de las latas y conservas.

Así, los científicos pueden no sentirse demasiado culpables. Despliegan la red Manta, de 60 cm de ancho, parecida a un raya, por media hora, dos veces cada tarde. La pesca de micro plásticos entrega también unos desechos macro. Como un cepillo de dientes desteñido, colonizado por algas y pequeños cangrejos.  ¿Habrá caído de un barco, o proviene de un río chino acarreando montones de desechos? El fotógrafo Samuel Bollendorff captura cada paso de esta "pesca".

Anticipando nuestra entrada en el Great Pacific Garbage Patch (GPGP), María Luiza Pedrotti, investigadora en biología marina, en el laboratorio oceanográfico de Villefranche-sur-Mer, jefa de la misión científica en esta etapa, aclara: "nombrar esta zona ‘continente’ o incluso ‘isla’ de plástico es abusivo. Estoy esperando verla para darle un nombre más apropiado".

Del tamaño de Europa del oeste, el GPGP aún disimula secretos. Se sabe que está compuesto esencialmente de micro plásticos de un tamaño inferior a un grano de arroz. Se estima que 1,8 trillón de piezas flotan en la superficie, apenas visibles a simple vista, y que no forman una masa continua. Pero el GPGP también es una trampa de macro desechos; Esos representan la mayor parte de su masa total, estimada en 80,000 toneladas.
 
Patricia Jolly