07/06/2018

La contaminación plástica

La contaminación plástica: la solución no vendrá de la limpieza del Océano

Por Jeff Ghiglione, Director de Investigación, CNRS, en Ecotoxicología
y Romain Troublé, Director General de la Fundación Tara Expéditions

Hoy en día, las imágenes impactantes de bolsas de plástico, botellas y redes de pesca derivando en los mares, están navegando por las redes sociales más que cualquier otro tema relacionado con el Mar. Ellas provocan la indignación, y florecen las iniciativas a favor del Océano. Sin embargo, ¿qué debemos entender realmente sobre este flagelo, nacido hace solo cinco décadas? ¿Cuál es la realidad, más allá del ruido mediático convertido en alboroto? A la luz de la investigación científica, la solución no se encontrará en el mar.

Barcos recolectores de basura y recicladores, redes gigantes para recuperar plásticos flotantes en la superficie, colectivos de ciudadanos…La movilización y las ideas se multiplican en todo el mundo. Resaltan los problemas, y contribuyen así a la protección del Océano.

Pero más allá del efecto de imagen y de la cobertura mediática necesaria de este tema, este alboroto actúa como una cortina de humo. Al comunicar demasiado sobre "continentes de plástico" que podrían limpiarse con soluciones milagrosas, dejamos de lado lo esencial.

Para los científicos involucrados con la Fundación Tara, es urgente destacar la contaminación invisible que resulta ser la más dañina: los micro-plásticos. Más pequeñas que un grano de arroz, estas partículas interactúan con una gran cantidad de organismos marinos y representan un peligro potencial, aún poco documentado, para toda la cadena alimentaria marina. Del plancton a nuestro plato.

Al analizar las cifras, 250 billones de partículas flotan a escala del Mar Mediterráneo. Uno se pregunta cómo deshacerse de una contaminación tan extendida a nivel planetario. Los investigadores muestran que, contrariamente a la idea cada vez más generalizada de un único "continente de plástico", tal un conglomerado, de hecho, hay micro-plásticos en todas partes, incluso en el Ártico. Estos micro-plásticos, por supuesto, no se recogerán. Y los marineros que conocen la inmensidad del Océano saben bien que la "recolección" es vana ante la extensión de la plaga. Las soluciones tendrán que venir de la tierra.

A bordo de Tara, los científicos que estudian la degradación y las interacciones con organismos vivos no ven otra alternativa que limitar drásticamente los plásticos de un uso único, administrar mejor los desechos en tierra, evitar que lleguen al mar, e inventar nuevos materiales. Porque son pocos los plásticos llamados biodegradables que realmente se degradan en el mar.

Por supuesto, lo que limpiamos en las playas o en el océano son fuertes símbolos pedagógicos. Pero es fundamental apoyar la investigación e innovación en plásticos biodegradables, en embalaje del futuro, en diseño ecológico de los productos.

Para la Fundación Tara, comprometida con este tema desde hace diez años, la ciencia debe permitir la toma de decisiones políticas reales, y convencer a la industria y a los consumidores por igual.  Lejos de los clichés de un mar-basurero, de las imágenes de tortugas estranguladas o de aves marinas muertas en las playas, es también en los hemiciclos políticos que debemos innovar para una economía circular. Al igual que la movilización internacional para resolver el problema de la capa de ozono, es al G7, a la ONU, a la Unión Europea, que le compite elevar este tema a la problemática de salud pública internacional.

Jeff Ghiglione, Romain Troublé.