30/05/2018

Alta mar, rumbo hacia Hawai

¿Por qué el Océano Pacífico se llama así? Hay días de primavera cuando, en la cubierta barrida por las olas, uno se lo pregunta. En la timonería, Yohann Mucherie, el capitán, mira el pronóstico del tiempo, no muy satisfecho. Viento, sin duda, que forma un mar corto, pero no bien orientado. Para esta primera noche de la larga travesía del Pacífico, no izaremos las velas y serán los dos motores Cummins de 350 caballos de fuerza  que nos empujarán hacia Hawai.

Entre Tokio y Hawái, no hay coral. Pero eso no significa que la ciencia se detenga a bordo. Dirigido por Fabien Lombard, Lorna, Rumi  e Hiro, implementan  diferentes métodos de muestreo de aguas superficiales para recuperar, muestrear, observar y conservar cuidadosamente las especies de plancton recolectadas.

La oportunidad es demasiado buena para dejarla escapar: en la continuidad de la expedición Tara Oceans, 4 años de muestreo de plancton en todo el mundo, el recorrido entre Japón y Hawái permitirá completar y actualizar el mapeo de la presencia de estos organismos, la base de toda la cadena alimentaria y, por lo tanto, de la vida marina. Y, en particular, la del coral cuyas larvas son, por supuesto, parte del plancton.

Todo está listo a bordo Tara: el wetlab en cubierta, donde las muestras de agua recolectadas son  filtradas, colocadas en frascos, incluso en nitrógeno líquido,  para ser analizadas más adelante; el drylab, resguardado adentro, donde ya se puede, en tiempo real, realizar análisis sobre la composición de las muestras.

Pero el mar tiene sus propias reglas y, para nuestros primeros días en el Pacífico, el mar no parece querer hacer concesiones a la ciencia y a los nuevos tripulantes. El viento se hace más fuerte, el oleaje crece, Tara rueda, y no hay mucha gente en la cena. Las muestras tendrán que esperar.

En la timonería, los cuatro marineros están reunidos. Loïc Caudan, el jefe mecánico, Charlène Gicquel, el segundo capitán,  y Louis Wilmotte, el jefe de cubierta,  rodean al capitán. Miran los mapas del clima que todavía no anuncian buenas noticias. Hay mucho viento, pero no es completamente favorable a nuestra ruta. Los marineros intentan ver cómo aliviar a los organismos debilitados en estas primeras horas deportivas, estabilizando un poco el barco. Mientras esperan para enviar más tela, deciden izar la trinquetilla, que hará contrapeso al balanceo. Unas horas después, bajo una llovizna penetrante, enfrentarán nuevamente los elementos para izar el yankee y el trinquete. El viento cambia, decide empujar a Tara hacia Hawái.

Las caras cambian de color. La mesa de Sophie, la chef, se llena de nuevo. Ella no escatima esfuerzos en su estrecha cocina. No importan balanceo ni cabeceo. Sophie prepara repostería, talla hierbas finas, y asegura que los productos frescos comprados en Japón pueden durar tanto como sea posible. "No vamos a terminar comiendo solo enlatados ¿o sí?".

03:00 h en punto de la madrugada. Yohann entrecierra los ojos frente al mapa de  la corriente Kuroshio, enviado por Mercator, el centro francés de análisis y predicción oceánica, socio de la Fundación Tara. Kuroshio es la segunda corriente marina después de Gulf Stream. Se origina en las cálidas aguas de las Filipinas, llevando abundante fauna y flora planctónica que permite la presencia muy septentrional de coral en Japón. Al encontrarse con las frías aguas del Pacífico Norte, termina girando en el este del archipiélago japonés. Pero aquí, esta noche, el Kuroshio y sus aguas a 22 grados están justo en frente de nosotros. "Vamos a ir, no solo interesará a la ciencia, sino que también nos hará ganar dos nudos".

La cubierta de Tara se anima temprano en la mañana. El clima mejora, podemos izar todas las velas.  Marineros y científicos rodean el HSN, la red de alta velocidad. Arrastrada en popa, recoge muestras de agua a través de un filtro de 300 micras.
A estribor, es el Dolphin que está navegando a un costado del casco. Captura el agua superficial, bombeada y transportada en cubierta donde pasa a través de un filtro de 20 micras. Los cuatro científicos están trabajando meticulosamente en todas estas muestras. Y repiten la maniobra al anochecer. La ciencia debe aprovechar toda oportunidad climática.

Una semana de navegación, y la pequeña comunidad de Tara se ha formado. Los marineros y los científicos no solo se codean.  Aprenden a conocerse,  aprenden unos de otros. Todos están dispuestos cuando se debe izar las velas. Todos están dispuestos para vigilar las redes en el agua. Todos están aprendiendo a reconocer los copépodos. Todos finalmente sabrán cómo hacer un nudo de silla.  "El espíritu Tara", recalca Charlène. Sus ojos brillan del  placer de estar aquí.
 
Caroline Britz, a bordo de Tara, mayo de 2018