14/02/2018

Nha Trang,Vietnam


Estamos en Vietnam desde el miércoles 7 de febrero. Pisamos el muelle de hormigón del puerto de Nha Trang. Con sus complejos turísticos, el balneario desfigurado por el turismo de masas no tiene el encanto de las islas vírgenes del archipiélago de Palawan, pero no nos afecta.  El Pacífico nos acaba de ofrecer un obsequio magnifico: un viento de 25-35 nudos nos ha permitido pasar de Filipinas a Vietnam en solo tres días y medio, de una sola traza amurada a estribor.

La tripulación se agasajó con una hermosa navegación en el Mar de China, entre Pangatalan y Nha Trang. Impulsada por un viento del norte-noreste, la goleta “voló” hacia Vietnam, con todas velas afuera. "Fueron  condiciones ideales para Tara", explica Nicolas Bin. “¡Enviamos casi todo!  A tal punto que una noche, se tensaba demasiado en el aparejo. Tuve que despertar a Sam para enrollar un poco el yankee.  140 toneladas lanzadas a 10 nudos, es impresionante".

Los científicos embarcados no son necesariamente marineros experimentados. Al  zarpar de la pequeña isla de Pangatalan, todos estaban emocionados. Aunque unos adivinaban  que el oleaje y el balanceo pronto castigarián sus estómagos, porque con su casco redondeado, Tara es un barco que balancea mucho.

Gaëlle Quéré, investigadora postdoctoral del CNRS-CRIOBE, está encantada: "Pudimos participar en las maniobras, izar las velas,  me gustó”. Al igual que Guillaume Iwankow, jefe de buceo científico en CRIOBE,  quien ha sufrido los caprichos del viento durante sus cinco viajes previos en Tara. "Una navegación nocturna, con velas, sin ruido, y las estrellas para uno mismo. Era un sueño de infancia.  Son momentos que nunca olvidaré".

Este gran viento en las velas ha traído un poco de consuelo a los frustrados científicos. Después de Indonesia y Filipinas, acaban de enterarse que tampoco podrán muestrear las aguas vietnamitas. El Mar de China es un área geoestratégica compleja, y eso complica los parámetros de la expedición.
Decepcionados por no poder bucear, atracados al muelle por varios días, los tripulantes intentan sobrellevar la situación: redactando artículos, reuniéndose  con el Instituto Oceanográfico de Nha Trang,  haciendo un poco de turismo. 

El tiempo se alarga, pero Guillaume Iwankow pone las cosas en perspectiva: "Pudo haber peor, sin ciencia y sin viento". Deseamos, sin embargo, que la serie negra se detenga. China es la próxima etapa de Tara.

Agathe Roullin